06 agosto 2013

La oscura noche de Sarah Linden


ALERTA SPOILERS: Como parece que unos cuantos habéis seguido con la tercera temporada de "The Killing", he de avisaros que, si no habéis visto su final, es preferible que no sigáis leyendo.

Es curioso que "The Killing" haya decidido terminar su tercera temporada recordando a la primera de "Forbrydelsen" justo en el año en el que se despega por completo de su sombra. Presentar un nuevo caso que no adapte la serie danesa ha resultado ser toda una bendición para la serie, que ses ha redimido un poco ante los ojos de los críticos estadounidenses, aunque en audiencia no haya mejorado con respecto a su segunda temporada, y si en la resolución de la investigación de ese asesino en serie podemos tener algunas reservas, no las hay en el retrato que ha hecho de todos sus personajes. Sólo por esa breve y simpática conversación de Linden y Holder en el coche, cuando creen que tienen al culpable y que van a empezar en un caso nuevo, merece la pena todo lo que pasa en el doble final de temporada (y ejemplifica que la dinámica entre Mireille Enos y Stephen Holder ha sido siempre el principal punto fuerte de la serie), un final que vuelve a centrarse en los demonios de Linden y en el modo en el que su pasado vuelve para torturarla.

Que Skinner, su jefe, ex compañero y ocasional amante, termine siendo el asesino es una revelación que busca, precisamente, llevarla al extremo, a su punto de ruptura. ¿Cuánto más puede soportar Linden después de no haber sido capaz de salvar a Ray Seward, que es ejecutado a pesar de no haber matado a su mujer, después de ver que, por mucho que lo intente, le es imposible dejar un trabajo que la va carcomiendo poco a poco? La solución a lo "Seven" empieza a intuirse desde el mismo momento en el que Linden apunta a Skinner con la pistola en el coche (de hecho, yo llegué a pensar que le pegaría un tiro mucho antes de que llegaran a la casa del lago), y aunque no está mal resuelta, es cierto que pierde parte de fuerza porque sus referentes están meridianamente claros, y porque "The Killing" había entregado antes tres o cuatro capítulos mucho más efectivos y realmente notables.

El más destacado es el díptico que forman "Reckoning" y "Six minutes", en el que vemos las consecuencias emocionales de la muerte de Bullet y la ejecución de Ray, y en el que las dos temporadas previas de relación entre Linden y Holder tienen un punto culminante en el intento de beso de Holder y, después, las bromas que él hace con eso para intentar animarla a ella. La serie no le da mayor importancia, pero son detalles que muestran justo ese mejor manejo de los personajes que ha tenido la tercera temporada, que ha mantenido la atmósfera deprimente y oscura de sus inicios. AMC no se ha pronunciado sobre si"The Killing" continuará con esta inesperada segunda vida o si su resurrección será flor de un día, y a lo mejor prefieren esperar a que Netflix la suba a su servicio de streaming antes de decidir nada, ya que el acuerdo con la plataforma online tuvo buena parte de culpa de que hayamos visto algo más de las vidas de Holder y Linden. Si hay cuarta temporada, desde luego que será interesante ver dónde van la serie y sus protagonistas desde aquí, porque sí parece que, como decía Nietzsche, de tanto luchar contra monstruos, Linden bien puede haberse convertido en uno.
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