13 agosto 2013

Piper Chapman no es trigo limpio

ALERTA SPOILERS: Ahora que ya he llegado al final de la primera temporada de "Orange is the new black", es momento de comentar algunas cosas, más allá de esa monada que es Little Boo.

El final de la primera temporada de "Orange is the new black" recoge algo que Piper Chapman, su protagonista, le explica a una joven delincuente juvenil en silla de ruedas durante una visita a la cárcel; allí dentro, no hay modo de saber si estás perdiendo tu identidad, y convirtiéndote en otra persona, o si realmente eres quien has sido desde el principio, alguien de la que ya no es posible seguir huyendo con las distracciones de tu vida normal fuera de esas cuatro paredes. Piper siempre ha sido así de narcisista, manipuladora y siempre se ha autoengañado y se ha empeñado en mantenerse en un estado de negación en situaciones que no eran como ella las había imaginado y, como todo el mundo, tiene un punto de ruptura, un punto a partir del que ya no puede soportarlo más. La animadversión del consejero Healy, los engaños con Larry y con Alex y las constantes amenazas de Pennsatucky acaban por hacerla estallar; porque Chapman da mucho más miedo que Tucky, que hace cosas muy chungas pero da la sensación de que le falta algo para dar el paso definitivo. Cuando Chapman actúa, actúa, no habla ni avisa, simplemente, no es capaz de seguir funcionando al modo tradicional de su familia, el de negar todos sus problemas y continuar como si no pasara nada.

Piper toma la iniciativa en dos ocasiones; tras salir de aislamiento, cuando se va directa a enrollarse con Alex en la capilla, y después de la función de Navidad, cuando Tucky está en medio con su cruz de madera afilada en el momento en el que la olla a presión no es capaz de aguantar más. En las dos ocasiones, actúa después de pensar que no iba a poder sobrevivir en la cárcel, cuando tiene que enfrentarse a la verdad de quién es y de su situación y se convierte en alguien imprevisible. Arrinconada contra la pared, puede ser más peligrosa la rubia con cara de mosquita muerta que la yonqui cristiana renacida que no hace más que hablar y hablar. Y ese estallido de Chapman cierra una primera temporada en la que su personaje se ha encuadrado en esa línea de protagonistas femeninos más complejos de lo habitual en estos casos, más en la línea de la Hanna Horvath de "Girls", o hasta de la Nancy Botwin de "Weeds", la primera serie que creó Jenji Kohan. Son personajes que pueden ser egoístas, divertidos, patéticos, ingeniosos, sexys y mezquinos, todo al mismo tiempo, y eso los convierte en polarizantes entre la audiencia, y mucho más interesantes de ver.

Lo que más destaca de "Orange is the new black" es precisamente eso, sus personajes, pues todos son tratados del mismo modo que Piper, de todos nos muestran varias facetas, procuran que las entendamos sin juzgar sus comportamientos. Hasta Tucky, que podría ser la más caricaturesca de todas, que parece salida de los calabozos de la oficina de los marshals en "Justified", tiene algunos detalles que le confieren otra dimensión, especialmente cuando acaba internada en psiquiatría por esa elaborada trama urdida por Alex (y que resulta muy divertida de ver, la verdad). Todos tienen algo que las hace destacar, ya sea la amistad entre Poussey y Taystee, el estoicismo de Mrs. Claudette, la socarronería de Nicky o el carisma de Alex, que en teoría debería ser la "mala" (porque ella delató a Piper ante el FBI y forzó su entrada en prisión) y acaba mostrando tanto múltiples lados suyos como de Chapman, con la que mantiene una relación compleja pero interesante. No resulta nada raro ver por qué Piper se sentía atraída por Alex inicialmente, y por qué no puede dejar de sentir algo por ella a pesar de estar a punto de casarse con Larry, que es más el chico bueno y estable, aunque más sosillo. Justo pensar que ha perdido también a Larry hace saltar la espita finalmente en Piper, del mismo modo que Claudette ataca a la guardia cuando ya sabe que tardará años en salir de la cárcel, y que no debería haberse permitido albergar ninguna esperanza. En el momento en el que estas mujeres se sienten solas y sin nada que perder, es cuando son capaces de cualquier cosa.

Podríamos estar hablando horas y horas sobre todas las reclusas de Litchfield, como las relaciones entre Sophia Burset y la hermana Ingalls (que me parece un nombre genial para una monja) o entre Yoga Jones y la estrella del atletismo de instituto, pero ya tendremos tiempo de hacerlo en la larga espera hasta que Netflix cuelgue la segunda temporada. Desde luego, "Orange is the new black" ha terminado ganando por la mano a "House of Cards", el gran estreno de la plataforma, porque es menos autoconsciente de que debe lograr un estatus de "serie de calidad", es menos cerebral y calculadora y logra construir personajes a los que es más entretenido seguir episodio a episodio. Al tener menos aspiraciones (y llegar con menos expectativas), acaba funcionando mejor incluso en el potencial de visionado en maratón. Frank Underwood se esfuerza mucho por ser intrigante e interesante, algo que Alex Vause logra simplemente subiéndose las gafas, lo que no le quita méritos a "House of Cards", pero inclina un poco más la balanza a favor de "Orange is the new black".

P.D.: Decía Alx el otro día por Twitter que había sido una temporada bastante destacada para la presencia de lesbianas en televisión, y no le falta razón. Estaba la viuda cabreada de "Go on", varias de las reclusas de "Orange is the new black", una de las patrulleras de "The Fall", una paramédica de "Chicago Fire", la pareja de lesbianas con su hija adolescente en "Under the dome", Cosima en "Orphan Black", una de las protagonistas de "Dates" y una reportera en "The Bridge".
Publicar un comentario en la entrada