28 agosto 2013

Los ejemplos de Karen Cartwright y Skyler White

Dos de las series que están emitiéndose ahora en canales de cable "de prestigio", como están considerados AMC y HBO, tienen en su centro a un personaje que ejemplifica un aspecto bastante curioso que puede hacer derrapar una serie o que, por otro lado, representa un filtro que afecta a parte del público y de la crítica, y del que hablan en Tuned In en mayor profundidad.

El primer ejemplo es lo que podríamos llamar "el problema de Karen Cartwright", y que afecta (o afectaba) a los periodistas de "The Newsroom". Lo comentamos en el último programa de "Yo disparé a JR", para los que no son fanes fatales de Sorkin, esa serie siempre tuvo el problema del endiosamiento de Will McAvoy, el presentador de "News Night" y al que nos presentan no sólo como guardián de las esencias de lo que debe ser el buen periodismo, sino también de los valores del auténtico partido republicano y de los Estados Unidos de verdad, del camino que deben seguir como nación y como sociedad para volver a ser el mejor país del mundo. Cuando sitúas de partida a tu protagonista en semejante pedestal, tiene que estar siempre a la altura (lo que debe ser un trabajo extenuante), tiene que ser siempre genial. No vale con ser simplemente bueno; hay que ser mejor que una combinación de The Beatles, Leonardo Da Vinci, Bach y William Shakespeare para dar la talla de las expectativas que la propia serie ha construido a su alrededor.

Es un problema que autosaboteó a "Smash" prácticamente desde el segundo episodio, el de tener un personaje que debía ser una sensación irrepetible e innegable (Karen) y ver cómo la hipotética mala (Ivy) la ensombrecía sin demasiado esfuerzo. Karen no lo hacía mal, pero no era tan perfecta como nos la presentaban. Algunos fans de "Nashville" han apuntado que Scarlett, la que debe ser la Juliette Barnes de Juliette Barnes (haciendo que Juliette sea en este caso Rayna), sufre del mismo síndrome, y en la primera temporada de "The Newsroom" no era sólo Will el aquejado por la "karenitis", sino prácticamente toda la redacción del informativo. En la segunda entrega, Sorkin ha introducido una trama que los muestra fallando de forma estrepitosa, pero dejaré que sean los que la están viendo los que me digan si funciona o no.

Lo del filtro misógino que tienen algunas críticas hacia Skyler White en "Breaking Bad" es algo que ya hemos comentado otras veces, pero el tema ha resurgido conforme la serie se acerca a su final definitivo, y gracias a un artículo de opinión que Anna Gunn, su intérprete, escribió no hace mucho para The New York Times. Lo más interesante de lo que cuenta ahí es cómo Skyler y Walter no están sujetos a los mismos estándares por parte de la audiencia, cómo hay un doble rasero a la hora de juzgar al profesor enfermo de cáncer que fabrica y vende metanfetaminas y a su mujer, que tiene que reaccionar como buenamente puede a la cada vez mayor borrachera de poder de Walter al transformarse en Heisenberg. Como yo no estoy al día con "Breaking Bad", no puedo profundizar más en el tema de Skyler, pero es curioso también como su caso ejemplifica también la óptica más masculina, en general, desde la que se hace buena parte de la crítica televisiva.

Este asunto, que también lleva un tiempo siendo discutido en los blogs del ramo en Estados Unidos, se ha vuelto a comentar tras la publicación de "Difficult men", un libro que habla sobre los hombres que crearon algunas de las series más veneradas e influyentes de los últimos años, y del que se ha comentado que descarta de un modo un poco condescendiente a una serie de HBO, creada también por un hombre (Darren Star), pero protagonizada por cuatro mujeres como "Sexo en Nueva York". Asesino en serie detalla un poco más todo ese tema, que se entronca en la sensación de que la crítica televisiva tiene un filtro escorado hacia lo masculino a la hora de decidir qué series son buenas y clásicas y cuáles no están a la altura de sus estándares. Es un asunto bastante más complejo de analizar de lo que puedo yo contar aquí, pero es cierto que, a veces, aparecen ciertos dobles raseros con series como "Girls", o la propia "Sexo en Nueva York" o, en su momento, "Mujeres desesperadas", cuya primera temporada es un pequeño clásico en sí mismo. También es verdad que su último episodio y las dos películas han tenido mucha culpa del desprestigio que ha sufrido la serie de Carrie Bradshaw, pero es un tema que merecería la pena explorar algo más.
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