23 marzo 2016

Desmontando al superhéroe


"¿Quién vigila a los vigilantse?" Ese lema del cómic "Watchmen", extraído del poeta latino Juvenal, cambió para siempre la concepción que había de los superhéroes en la cultura popular hasta ese momento (1986). Desde su nacimiento en los años 30, a cargo de jóvenes dibujantes judíos, esta figura había representado, en general, lo mejor del ser humano. Jerry Siegel y Joe Shuster idearon a Superman como el héroe definitivo para luchar por la justicia y la libertad, y su debut en 1938 llegó justo cuando en Europa empezaba a asomar la inminente amenaza de la Segunda Guerra Mundial. Todos los demás justicieros que aterrizaron en los quioscos seguían esa plantilla y, además, iban adaptándose a las preocupaciones que hubiera en la sociedad del momento. Los X-Men no podían obviar la lucha por los derechos civiles si se estrenaban en 1963, por ejemplo.

Sin embargo, para cuando Alan Moore y Dave Gibbons afrontaron esa deconstrucción de los superhéroes que era "Watchmen", habían ido adquiriendo otras consideraciones. La década de los 80 estaba marcada por dictaduras en Sudamérica, gobiernos muy conservadores en Estados Unidos y Reino Unido y una paranoia por la Guerra Fría bastante exacerbada, y películas de hombres que decidían tomarse la justicia por su mano como "Cobra" o "Yo soy la justicia". En ese contexto, no era extraño que se empezara a pensar en qué tipo de persona podía decidir ponerse un disfraz y una máscara y dedicarse a luchar contra el crimen siguiendo sus propios principios, y los de nadie más. "Watchmen" marcó un antes y un después en los cómics de superhéroes (un antes y un después que luego llevó al extremo "The Authority") y abrió la puerta para que también el cine de superhéroes dejara entrar a la oscuridad que subyacía debajo de esa idea.

A las optimistas películas de "Superman" de Richard Donner le sucedió un "Batman" de Tim Burton un poco más retorcido y, cuando Christopher Nolan se hizo cargo de trasladar de nuevo las aventuras de Bruce Wayne al cine, apostó por presentarlo como alguien muy consciente de que las contradicciones que encerraba vestirse de gigantesco murciélago de cuero negro y patrullar las calles de Gotham. Por lo que se ha podido leer hasta ahora de "Batman v Superman", esa idea, esa deconstrucción de la figura del superhéroe continúa, explorando ahora el peligro de que Superman se crea un semidiós y pierda interés en ayudar a la gente corriente. El universo cinematográfico de DC/Warner apuesta por explorar la carga que supone elegir ser un superhéroe, los sacrificios que se tienen que hacer para ello. Es algo que Marvel está haciendo también en sus series de Netflix.

¿Es un camino que traiciona la esencia de algunos de estos personajes, como Superman? Cuando debutó en CBS "Supergirl", apareció un artículo en el ciberespacio estadounidense que retomaba una de las críticas más comunes a "El hombre de acero" y la utilizaba como base de su teoría de que la serie de televisión era una mejor adaptación de lo que representaba Superman que las películas de Zack Snyder. Esa crítica era que Snyder había optado por presentar a Clark Kent como un héroe reticente, alguien que no quiere ejercer como tal aunque sus poderes, y las situaciones en las que se ve envuelto, tiren de él hacia ese camino. Kara Danvers, sin embargo, quiere ser una heroína, quiere utilizar sus habilidades para hacer el bien. Es un lado que se abandonó en favor de la deconstrucción psicológica y social de estos personajes, un poco más acorde con la época actual. Aunque los superhéroes se presenten como modelos a seguir, nadie se resiste a mostrar sus dudas ante ciertas acciones, todo el mundo busca pintarlos como personajes más tridimensionales. Los héroes de una pieza ya no tienen tirón.
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