18 abril 2016

La Ciudad de la Luz, la Tierra de la Noche


ALERTA SPOILERS: Huid si aún no habéis visto "Nevermore", el episodio de la semana pasada de "Los 100", ni os suena de nada ALIE.

En la ciencia ficción televisiva, tener algo así como una aparición en forma de mujer que viste de rojo, a la que sólo unas pocas personas pueden ver, y que se dedica a decirles a esas personas qué deben hacer para cumplir su misteriosa agenda remite inevitablemente a la cylon Seis en "Battlestar Galactica", y en concreto, a la versión que Gaius Baltar veía en su cabeza. La primera aparición de ALIE en "Los 100", justo en el último capítulo de la segunda temporada, tenía que remitir a ese personaje incluso aunque Erica Cerra mida doce centímetros menos que Tricia Helfer y sea morena, y con menos pinta de supermodelo. ¿Un ente robótico con la capacidad de que Jaha, en sus delirios proféticos, la siga en todo? Las comparaciones eran inevitables.

La tercera temporada de la serie de The CW ha tardado en adentrarse por el camino de la Ciudad de la Luz, más interesada inicialmente en profundizar en el retrato de los terrícolas y sus complicadas alianzas y en mostrar cómo la gente de Arkadia podía confiar en un líder cuyo único plan para su supervivencia era eliminar a todo el que se les interpusiera en el camino. Esa ampliación de su mundo ha hecho que se vieran resentidos algunos de los pilares fundacionales de la serie: las tramas han ido demasiado aceleradas y había, además, demasiados hilos argumentales que seguir en cada episodio para que todos pudieran tener la fuerza y el interés necesarios. La evolución de Bellamy o la muy controvertida muerte de Lexa han sufrido justo por eso, pero ésta última ha tenido, al menos, un propósito muy claro en el gran plan de la temporada. Empezaba a conectar la historia de los terrícolas con el pasado de Skaikru y, sobre todo, con ALIE y con el evento original de "Los 100", ese holocausto nuclear que obligó a parte de la población a refugiarse en el espacio.

La reencarnación tecnológica de los comandantes terrícolas y los intentos de ALIE de encontrar a su versión 2.0 han confluido para dar al tramo final de la temporada una urgencia que hacía mucha falta. La conversión de los habitantes de Arkadia en algo sacado de "La invasión de los ultracuerpos" resulta, al menos, inquietante, y ha servido para que "Los 100" explorara un poco mejor a uno de sus mejores personajes desde el inicio, Raven. Con ella, que tiene una pierna paralizada y sufre un dolor constante, que le costó mucho superar la muerte de Finn a manos de Clarke y que se pregunta constantemente cuál es su valía si, físicamente, no está en plenas facultades, entendemos mejor el atractivo de la Ciudad de la Luz. Cada chip que Jaha reparte provoca un estado artificial de paz que no se diferencia tanto de una droga, y que engancha del mismo modo. Ya no sientes dolor, estás en otro plano de existencia... O estás muerto, o en pleno viaje de LSD, y para Raven es muy tentador dejar de lado sus preocupaciones, sus cargas emocionales, hasta sabiendo que el precio a pagar es su memoria.

Lo que ALIE pretende es salvar a la humanidad destruyéndola. Ya lo intentó lanzando los misiles nucleares sobre la Tierra, y ahora lo va a intentar atrayéndola a esa Ciudad donde el cuerpo físico no es lo importante. Es una amenaza muy de ciencia ficción y que, y aquí está lo interesante, es igual de peligrosa para la gente del Arca y para los terrícolas. De repente, las maniobras de la Nación del Hielo por colocar a una de los suyos como comandante se ven como algo nimio; si ALIE se hace con esa otra versión suya que durante generaciones se ha fusionado con la conciencia de los comandantes, no habrá nada por lo que pelear. Por todo esto, "Nevermore", el capítulo en el que nos quedamos con los personajes principales de "Los 100" desde el principio, y con la carrera contrarreloj por salvar a Raven, es un importante punto de inflexión.

Bellamy y Clarke necesitan que alguien les recuerde el camino de muerte que dejan a su paso, Octavia necesita darse cuenta de que, como le dice Monty, ella no pertenece a los Skaikru ni a los terrícolas, sino a esos cien originales, y todos tienen que darse cuenta que, si quieren de verdad sobrevivir, tienen que hacerlo juntos. El título del episodio, "Nevermore", y la lectura de Raven del poema "El cuervo", de Edgar Allan Poe, un par de episodios antes, presentan el dilema sobre el que apunta que van a construirse estos últimos episodios: ante el dolor y la pena extrema, ¿es preferible olvidar y dejarlo todo atrás, como propone ALIE, o recordar y sacar fuerza de esa memoria? John Locke sostenía que la memoria nos convertía en quienes somos, nos da nuestra identidad. No es difícil adivinar por qué el plan de ALIE es erróneo.
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