26 agosto 2010

Los fríos datos

"Los valores son para los políticos. Nosotros somos analistas". Algo así dice Grant, uno de los analistas del Instituto de Política Americana (API) de "Rubicon" para justificar porqué pueden decidir, en teoría sin dejar que sus emociones se interpongan en el camino, que se ataque con misiles la supuesta guarida de un terrorista internacional. Ellos sólo lidian con datos y los analizan, les dan un sentido, pero nada más. Su relación con ellos es distante y fría, como la que se podría tener ante una ecuación matemática. O, al menos, es como debería ser si no quieren que el trabajo se vaya comiendo poco a poco su integridad mental y emocional.

"Rubicon" es más una serie sobre el trabajo diario de un think tank como el API que sobre esa conspiración que Will investiga, y que se nos presentó en aquel piloto de aire tan setentero. Esa atmósfera la sigue manteniendo, e incluso ha habido un encuentro clandestino con un informador en un parking. Los interiores de los edificios son, en su mayoría, fríos y austeros, e incrementan la sensación de que los analistas están como desconectados del mundo exterior. Desde luego, prisa no hay por avanzar la trama, y lo cierto es que los compañeros de Will son lo suficientemente interesantes, cada uno con sus problemas personales con el trabajo, para que a mí, por lo menos, no me importe.

Hay un par de líneas abiertas que imagino que eventualmente confluirán, pero ya sabéis lo que suele pasar con las conspiraciones, que lucen muy bien mientras son difusas, una vaga amenaza de fondo, pero que empiezan a perder lustre en cuanto les da demasiado la luz, de igual modo que el sol se come la pintura colorida de los edificios. Con los referentes de "Rubicon", tal vez esto no ocurra, porque las conspiraciones políticas de los thrillers de los 70 siempre eran al más alto nivel, y asesinar al presidente era lo mínimo que pretendían. Pero claro, los héroes de esas películas rara vez acababan bien. Esperemos que Will Travers tenga mejor suerte. Las aguas de las altas esferas de decisión política siempre están llenas de tiburones e icebergs casi sumergidos.
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