11 abril 2012

De entre los muertos

Es curioso, a veces, cómo se mueven los designios de los gustos, de la crítica y de lo que se acepta como una buena obra o se descarta como algo menor. Alfred Hitchcock siempre se consideró en su época como un director comercial (palomitero, diríamos ahora), alguien que reconocía sin problemas que hacía las películas pensando en el público, en cómo podía arrastrarle con la película y hacerle experimentar lo mismo que experimentaban los personajes, y que también afirmaba que la historia tenía que poder contarse casi enteramente en imágenes (una deuda de sus inicios como rotulista en el cine mudo). Hasta que los jóvenes críticos franceses de "Cahiers du Cinema", los que luego se convertirían en los cineastas que pusieron en marcha la Nouvelle Vague, no empezaron a reivindicar a Hitchcock (y a muchos otros directores clásicos de Hollywood) como verdadero autor, su obra no empezó a verse de una manera distinta y a estar mejor considerada por la crítica general.

Uno de los casos más claros de ese cambio en su apreciación es "Vértigo". Estrenada en 1958, con una estrella ya consolidada (James Stewart) y otra en ascenso (Kim Novak) como protagonistas, la recepción hacia la película fue más bien fría. En taquilla funcionó aceptablemente, sin ser un éxito; los críticos no se detuvieron demasiado a pensar en ella y, en los Oscars de 1959, sólo tuvo dos nominaciones; a mejor sonido y mejor dirección artística. El propio Hitchcock decía que en el guión había bastantes agujeros, que Novak había sido impuesta por el estudio (Hitch quería a Vera Miles, que no estaba disponible al haberse quedado embarazada), pero nada de eso impidió que, con el tiempo, haya terminado considerada como su obra maestra y, probablemente, su película más personal. Porque, como ocurre en muchas otras cintas de Hitchcock, aquí el misterio es bastante secundario.

Si en "Encadenados" lo que importaba era la historia de amor entre Cary Grant e Ingrid Bergman, en "Vértigo" lo que importa son las represiones y la obsesión de su protagonista, Scottie Ferguson, con una mujer muerta, con un fantasma, con un ideal que no puede alcanzar. Es una película, en ese aspecto, bastante enfermiza y eso es lo que la hace destacar; aunque la hayas visto un montón de veces, un nuevo revisionado nunca cansa, y si la ves por primera vez, te absorbe. El uso del color (en especial, del rojo y el verde), del vestuario de una institución como Edith Head, de la sensacional música de Bernard Herrmann, de esos fantásticos planos panorámicos, todo está diseñado para meternos en la cabeza de Scottie y en su malsana fijación por esa mujer, en su descenso por las espirales de la locura de los títulos de crédito de Saul Bass.

Además, gracias a la iniciativa de los cines Verdi en Madrid (y creo que también en Barcelona), es posible ver ésta y otras tres películas de Hitch en pantalla grande y apreciarlas realmente como fueron concebidas (restauradas en HD, eso sí). Aunque, en el caso de "Vértigo", la cinta estuvo a punto de perderse para siempre por el mal estado en el que se encontraba su negativo, en el quie los colores habían perdido mucha intensidad. Sobre el proceso de restauración de esta película hay un mini documental de hace tiempo, "Obsessed with Vertigo", que cuenta cómo se recuperó uno de esos clásicos que siempre figuran en las listas de las mejores películas de la historia del cine. No obstante, si me obligais a elegir, creo que mi película favorita del maestro del suspense es "La ventana indiscreta".
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