12 abril 2012

Un policía con sombrero

ALERTA SPOILERS: Si no habéis visto aún el final de la tercera temporada de "Justified", vedlo y luego volved por aquí.

Ni Quarles, ni Boyd,  ni Limehouse, ni Dickie Bennett. Al final, el que termina dejando realmente tocado a Raylan es su padre, Arlo. Su historia no ha sido de las más prominentes de la temporada y ha estado casi siempre en su segundo plano, pero esos pocos momentos en los que aparecía nos dejaban con la inevitable sensación de que algo malo iba a pasar con él. Cada vez pierde la cabeza más a menudo, deja de tomarse su medicación, cree estar viendo a su primera mujer (la madre de Raylan) y luego a Helen, que los Bennett mataron la temporada pasada, y luego asume a Boyd como si fuera él su hijo, y no Raylan, hasta el punto de acudir a su rescate cuando Quarles aparece en la puerta del bar y, después, cuando Tom Bergen, el policía estatal, llega a investigar la explosión del coche de Quarles. Arlo sólo ve un tipo con sombrero que va a disparar a Boyd, y le pega un tiro sin dudarlo. Luego, en su frágil estado mental, va a ver a Raylan para asegurarse de que está bien (le dice algo así como que "me han dicho que dispararon a un policía con sombrero), pero el marshal no se muestra conmovido por ese gesto, y tampoco escandalizado, como Winona, cuando le cuenta a ella lo que Arlo ha hecho.

A Raylan, ya no hay nada de su familia que le pueda sorprender. El año pasado ya quedó claro que, por muy lejos que se marche, siempre va a llevar Harlan dentro de él, y este año no hemos hecho más que confirmar lo realmente deprimido y fastidiado que está el condado, y cómo sus habitantes no necesitan de consejos de "yanquies del norte" para cuidar de sí mismos, mucho menos si cuidar de sí mismos implica algún tipo de actividad delictiva. Mags Bennett se lo explicó muy claramente a la representante de la compañía minera (aunque luego ella hizo los negocios por otro lado), y Boyd también se lo dejó muy claro a Quarles cuando éste intenta reclutarlo; en Harlan reconocen a los aprovechados enseguida. Quarles, por cierto, ha resultado ser un villano memorable, con ese evidente trastorno mental que tiene y esa inestabilidad escondida bajo sus trajes de tres piezas. Eso sí, del que no hemos visto lo último, con toda seguridad, es de Ellstin Limehouse. Esta suerte de Mags en masculino, y en negro, también mira solamente por los suyos y también tiene unas ideas más bien anticuadas de cómo hacerlo, y tiene extendida una amplia tela de araña por el condado para que nada lo pille por sorpresa.

Ha habido tal cantidad de villanos y de planes B, y C, y D en estos 13 episodios, que la temporada se ha hecho realmente corta. Parecía que aún estábamos arrancando cuando, de repente, Quarles empieza a tomar decisiones desesperadas y acaba en el matadero de Limehouse, protagonizando una escena digna de "The Walking Dead". Como el propio Graham Yost, productor ejecutivo de "Justified", reconoce en esta entrevista, incluir tantos villanos esta temporada ha hecho que pasáramos menos tiempo sobre todo con los compañeros de Raylan en la oficina de los marshals en Lexington, y eso que lo poco que hemos visto a Art y Rachel no ha hecho más que aumentar las ganas por verlos más a menudo. "Justified" es otra serie que es capaz de introducir de un plumazo a un personaje y transmitirnos cómo es en sólo una escena, y parte de su encanto es construir convincentemente a unos criminales que, por lo menos, tienen alguna cualidad curiosa, o excéntrica, o inquietante, algo que han trasladado a la pantalla desde los libros de Elmore Leonard.

Y un aspecto que a mí siempre me resulta muy curioso es que buena parte de los malos son tremendamente educados hablando. Boyd, por ejemplo, puede amenazarte de muerte sin levantar la voz y sin insultarte nunca, y Limehouse tampoco le falta al respeto nunca a su interlocutor, aunque le esté diciendo que o se marcha del valle, o le corta una mano. Es un rasgo, especialmente con Boyd, que ayuda a caracterizarlo por contraste con su condición de delincuente (lo mismo que que lleve siempre las camisas abotonadas hasta arriba o que se mueva con parsimonia, como si fuera una pantera). Del mismo modo, no he podido evitar pensar que Raylan camina como John Wayne, y que cada vez dispara a menos gente.
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