10 junio 2012

Los "hate-watchers"

Hace unos meses ya surgió este debate por aquí: ¿merece la pena ver una serie sólo para criticarla sin compasión? Yo siempre he pensado que no, que si sigues viéndola, es porque te gusta un poco, por mucho que te justifiques diciendo que sólo quieres reírte de ella, mientras en "TV killed the movie star" defendían la postura contraria. El debate lleva ya unas semanas apareciendo por varios blogs estadounidenses sobre todo a raíz de dos series, "Girls" y "Smash", que mucha gente ha visto sólo para luego irse a Twitter y declarar un odio tan incondicional hacia ellas, que les lleva a no perderse ni un sólo capítulo. No es algo nuevo (Internet, en general, es terreno abonado para que mucha gente sólo ofrezca su lado más negativo. Echad un vistazo a cualquier entrada con más de 10 comentarios en "¡Vaya Tele!"), pero por las razones que sean, el fenómeno se ha vuelto un poco más visible en lo relacionado con la televisión, y Twitter le ha dado una dimensión tal vez algo mayor.

En "The A.V. Club" publicaron un par de artículos a este respecto que, además, se relacionan con uno de esos casos de "hate-watching", como dicen los anglos. Primero, se preguntaban si ser un hater era algo esencial para ser un fan; si, por ejemplo, el único modo de demostrar que eras un seguidor acérrimo de los Cleveland Cavaliers era odiar cervalmente a LeBron James. Después, afirmaban que no pasaba nada por ser un hater, al menos en términos relacionados con la cultura popular y el deporte (dejan fuera la política y la religión, que son asuntos más serios), y recordaban lo que motivó todo ese debate; los comentarios abiertamente misóginos y ofensivos que se dejan en las críticas semanales que esa página hace de "Girls". Uno de esos comentarios (que ya no puede leerse en la página, pero que probablemente fuera del tipo "Lena Dunham es gorda y por eso no es divertida, yo no me la tiraría" o algo así) motivó que el autor de esas críticas, Todd VanDerWeff, publicara esta larga respuesta en la expresaba, más que su enfado, su sensación de derrota e impotencia ante todos los haters maleducados que se meten con la serie sólo porque su protagonista y creadora es una chica gordita.

Porque, cuando hablamos de hate-watching, no se habla sólo de "esta serie es tan mala que la veo para echarme unas risas", sino de algo que va un poco más allá, un tipo de cerrazón mental que puede llevar a ese tipo de comentarios ofensivos, muchas veces más contra otros espectadores a los que sí les gusta la serie que contra la serie en sí. Esos célebres "no tienes criterio" o "yo pensé que esto era una crítica objetiva" son los ejemplos más light, por supuesto, pero van un poco en esa línea de desprecio. En "The A.V. Club", de todos modos, buscan el modo de darle la vuelta a la situación y apuntan que, si algo beneficioso ha tenido el hate-watching de "Girls" es el hecho de haber puesto sobre la mesa cuestiones sobre sexismo, racismo y clase social que no suelen discutirse, aunque probablemente sea una equivocación darle tanta trascendencia a una serie que no pretende retratar a toda una generación de jóvenes. Es como creer que "Sexo en Nueva York" era representativa de todas las mujeres profesionales de éxito de más de 30 años que viven en grandes ciudades.

Ya sabéis de sobra cuál es mi postura en todo esto; no me cabe en la cabeza ver una serie sólo para destrozarla. Puedo hacerlo en un par de episodios, pero no más. Después, ni siquiera soy capaz de hacer el esfuerzo de buscar cuándo se emite el siguiente capítulo.

Música de la semana: Mañana por la noche, Amy Sherman-Palladino vuelve a televisión con "Bunheads", una serie de ABC Family sobre una corista de Las Vegas que se muda a una pequeña y aburrida población costera de California, donde empieza a enseñar ballet en la escuela de su suegra (interpretada por Kelly Bishop). La serie no ha hecho demasiado ruido por la blogosfera, pero confieso que yo tengo curiosidad, y para celebrarlo, nos quedamos justo con una canción con sonaba en "Las chicas Gilmore", "It's alright baby", del grupo sueco Komeda.
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