05 junio 2012

Oscura y llena de terrores

ALERTA SPOILERS: La segunda temporada de "Juego de tronos" ya se ha terminado. Si no sabéis qué quiere decir eso de "Valar morghulis", no sigáis leyendo.

"Todos los hombres deben morir". Eso es lo que quiere decir ese Valar morghulis con el que Jaqen se despide de Arya, en uno de los momentos en los que comprobamos que no es que la magia desapareciera de Poniente cuando se extinguieran los dragones, sino que sus habitantes están tan preocupados peleando entre sí por el amasijo de espadas que es el trono del rey, que ignoran las muy reales amenazas que se ciernen sobre ellos al norte del Muro y al este del mar Angosto. En el último episodio de la segunda temporada de "Juego de tronos" podemos ver las dos tomando cada vez más fuerza; Daenerys no sólo tiene unos dragones que ya pueden ser bastante letales, sino que la legión de zombies helados de los Otros que acude a masacrar a los "cuervos" del comandante Mormont en el Puño de los Primeros Hombres apunta por primera vez el verdadero peligro que esconde el lema de los Stark, "se acerca el invierno". El invierno es oscuro y está lleno de terrores, como no se cansa de repetir Melissandre al hablar de la noche que ilumina su Dios Rojo, y los que no estén preparados para él, no vivirán para ver otro verano.

Podríamos hablar sobre si la temporada ha sido mejor o peor que la primera, sobre si los cambios con respecto al libro han estado bien o no, sobre si la gran cantidad de personajes y escenarios juega en contra o favor de la serie, pero eso ya lo han tocado otros (aquí y aquí, por ejemplo), y no es cuestión de andar repitiendo siempre lo mismo. A sí me ha parecido que la serie estaba más confiada en sí misma en esta entrega, incluso a pesar de sus fallos (la caída de Invernalia), y que sin más pretensión que servir a la historia de Martin y a los personajes, resulta sumamente entretenida y da interesantes pinceladas sobre cómo los hombres luchan, sufren o intentan agarrarse al poder. Pero lo que de verdad me resulta más interesante (y también me lo parece en los libros) es justo como los cinco reyes enfrentados en la guerra son incapaces de ver nada más que los detalles de su pelea por el Trono de Hierro, permaneciendo ciegos a esas amenazas que surgen sobre el horizonte. Como Tyrion le replica a Varys antes del ataque de Stannis a Desembarco del Rey, cuando éste le habla de los rumores sobre los dragones de Dany, una guerra cada vez.

Las historias de Jon y Daenerys están desconectadas geográficamente del resto, pero su propósito es más a largo plazo. Son las que dan título global a la saga de George R.R. Martin, "Canción de Hielo y Fuego", las que irán adquiriendo mayor importancia conforme se vaya acercando el final, las que se mueven en la panorámica más amplia de lo que ocurre en Poniente, que el resto de personajes está demasiado obcecado para siquiera intuir. Muchos fans abogan por que Jon y Dany acaben de algún modo juntos, o colaborando juntos, teniendo en cuenta su importancia en ese esquema superior de las cosas, pero no adelantemos acontecimientos. Mientras ellos dos deben sobrevivir y crecer lejos de la acción que por ahora es la principal, los demás sufren las consecuencias de esa Guerra de los Cinco Reyes, unas consecuencias que aún quedarán más claras en la tercera temporada (que sólo contará una parte del tercer libro. Lo van a dividir en dos entregas).

En esta segunda temporada hay que destacar emparejamientos muy inspirados como los Arya y Tywin y, especialmente, Brienne y Jaime, el modo en el que Jack Gleeson (Joffrey) y Sophie Turner (Sansa) se han convertido un poco en las revelaciones de la entrega, y la espectacularidad con la que, dentro de los constricciones que impone la televisión, reprodujeron la batalla del Aguasnegras. "Juego de tronos" tiene el problema de que los libros no paran de crecer, mientras cada temporada se mantiene en diez capítulos, pero si logran mantener el espíritu y el corazón emocional de muchos personajes, la tercera temporada será hasta mejor.
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