09 julio 2013

La ira de Spock

En las sagas cinematográficas iniciales de "La guerra de las galaxias" y "Star Trek", la segunda película era mejor que la primera. "El Imperio contraataca" y "La ira de Khan" aprovechaban que ya no tenían que presentar nada, y que el público ya las conocía, para adentrarse por caminos más "oscuros" que implicaban de un modo más profundo a sus personajes. Así que es curioso que en el reboot de la franquicia creada por Gene Roddenberry sea también la segunda cinta dirigida por J.J. Abrams, "Star Trek: En la oscuridad", la que resulta mejor que la primera. Aquella tenía que introducir de nuevo a la tripulación de la USS Enterprise y relanzar desde cero una saga que lleva a cuestas casi cincuenta años de historia, con una decena de películas y cinco series de televisión, y cumplía de sobra su cometido. Con la segunda, Abrams y compañía no han ido tanto por el camino de "El caballero oscuro" como, simplemente, por la senda marcada por las primeras cintas que protagonizaron en el cine William Shatner, Leonard Nimoy y el resto de actores de la serie clásica. Y el resultado es un blockbuster sumamente entretenido.

La esencia de "Star Trek" se mantiene y hasta se nota más que en el reinicio de 2009, sobre todo porque la amistad de Kirk y Spock se transforma en el centro de todo el relato, como ocurría también con Shatner y Nimoy. Chris Pine y Zachary Quinto transmiten lo que hacía a aquellos personajes ser como eran, pero con su propio toque, del ligoteo incansable de Kirk a la lógica inquebrantable de Spock, y sus discusiones los construyen como el eje de la película, aquellos que van a tener que sufrir una mayor prueba durante todo su enfrentamiento con el villano interpretado por Benedict Cumberbatch. Ellos dos, además, se encargan de que la sensación de ver "En la oscuridad" remita a veces no sólo a "La ira de Khan", sino también a la tercera, "En busca de Spock". Hay multitud de guiños para fans (de los que BuzzFeed recoge aquí sólo diez) y yo no podía quitarme de encima esa sensación de estar viendo una cinta de la saga de las de antes (yo siempre fui más fan de las películas de "Star Trek" que de las series, de las que he visto muy poco).

De todos modos, en lo que esta película incide bastante es en el viaje emocional de Spock. El vulcaniano es un personaje estoico, imperturbable y movido por la lógica, contrastando mucho con un Kirk acostumbrado a salirse con la suya casi basándose sólo en su encanto, y al que no le importa saltarse las normas para hacer ciertas cosas. Entre su amigo y Uhura ponen a prueba su mitad humana, casi siempre subyugada ante el lado cerebral de su mitad alienígena, y tiene que encontrar la manera de que ambas puedan convivir armónicamente en él. Spock es un poco el principal protagonista de las dos películas dirigidas por Abrams precisamente por esa dualidad entre emoción y fría lógica, pero eso no quita para que ésta última no sea realmente entretenida. Y para que mantenga la costumbre de la primera de terminar recordando los títulos de crédito de la serie original.
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