02 julio 2013

La vida secreta del condado de Absaroka

En esta era de las miniseries de aires indies, series de prestigio llenas de simbolismos, comedias de humor inteligente y metarreferencial o dramas con tramas serializadas llenos de "huevos de Pascua" en cada fotograma, se tiende a descartar como algo menor a las series a la vieja usanza, las que se construyen con una historia muy clara, con capítulos casi siempre autoconclusivos y dando serialidad al asunto a través de sus personajes y las relaciones entre ellos. Evidentemente, tienen menos aspiraciones y, generalmente, son menos ambiciosas que todas las que se suelen incluir en las listas de lo mejor del año, pero no hay que subestimarlas. Cumplen una función, que es entretener dándole al espectador algo que conoce ya muy bien, pero de un modo que no le resulte demasiado familiar y que le lleve a seguir viendo más episodios.

El canal A&E se animó a las series de producción propia hace ya unos pocos años con series de ese estilo, muchas de ellas policiacas, pero no ha conseguido un éxito de verdad hasta que no llegó "Longmire". La adaptación de los libros de Craig Johnson, centrados en un sheriff del ficticio condado de Absaroka, en Wyoming, está congregando a unos seis millones de espectadores en su segunda temporada, y aunque todavía está lejos de las cifras de "The Closer" o "Burn notice" en sus buenos tiempos, o de los más de trece millones de espectadores que congregó el estreno de "Under the dome", sí puede decirse que es uno de los éxitos del verano. Y lo es con unas armas muy sencillas que hemos contado antes, y sin hacer demasiado ruido en blogs y medios especializados. Aquí no hay grandes misterios más grandes de la vida, pero sí hay personajes que guardan bastantes secretos, y esos secretos están centrando parte de las subtramas de los nuevos capítulos.

No es extraño que los guionistas de una serie policiaca convencional decidan profundizar un poco más en sus protagonistas en la segunda temporada. Al fin y al cabo, la audiencia ya sabe cuál es la fórmula y qué tipo de casos se resuelen, y ha tenido toda una entrega inicial para familiarizarse con los personajes y decidir quiénes son sus favoritos. Con la fase de presentación y asentamiento ya finalizada, uno puede dedicarse a mostrar en más detalle, por ejemplo, la gran ambición y frustración de Branch Conally, que le lleva a estar chocando constantemente con Walt y sus métodos y principios de otra época. El sheriff, mientras tanto, no logra escapar de las sombras que rodearon a la muerte de su esposa, y su ayudante, Vic Moretti, tiene más secretos que no ha compartido con nadie del pueblo, aparte de un matrimonio no muy boyante del que casi no habla. Longmire puede ser un investigador capaz de captar los aspectos más ocultos de algunos de sus casos, pero en lo que respecta a la gente de su alrededor, suele estar bastante en la inopia.

Esta primera mitad de la segunda temporada también ha introducido algo más de serialización en las elecciones a sheriff (un tema que viene ya del piloto), y el hecho de que todo el mundo tenga secretos que no quiere que salgan a la luz puede tener interesantes consecuencias en la dinámica entre todos. Ya hemos visto que Walt y Branch se tratan, como mínimo, con frialdad después de la tensión que se instaló entre ellos al final de la primera temporada, y aunque Longmire y Vic trabajen juntos muy a menudo, y sean los que más hablan de sus vidas (hasta cierto punto), será curioso ver cómo reaccionarían si supieran el secreto que el otro les está ocultando. Con estos dos, además, hay un detalle de los libros que tan sólo se ha insinuado con Vic, y que tengo curiosidad por ver si la serie decide potenciar o dejar de lado.
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