26 septiembre 2014

Agentes secretos y demonios del Apocalipsis

En todos los artículos que se han escrito estos meses sobre la invasión de los superhéroes (y las adaptaciones de cómics) en la televisión estadounidense, siempre se menciona que, el año pasado, “Agents of SHIELD” era la primera cabeza de playa. No es del todo cierto porque, cuando esa serie se estrenó, “Arrow” ya le llevaba una temporada de ventaja, pero ser la primera serie de los estudios Marvel viene con su propio juego de expectativas. Casi se esperaba que “SHIELD” igualara las audiencias de “NCIS”, pero su periplo inicial en ABC fue bastante más modesto en cuanto a número de espectadores y, también, estuvo sometido a un escrutinio de la crítica y de los fans que no se relajó hasta que no llegó el capítulo que debía lidiar con las consecuencias de “Capitán América. El soldado de invierno”. El tramo final de episodios presentaba una serie con un propósito mucho más claro, y ese propósito ayudaba a que los personajes fueran un poco más interesantes. ¿Pero podría mantener esa inercia tras el parón estival?

Da la sensación de que así es. La clandestinidad le sienta bien al equipo de Coulson, que se encuentra amenazado tanto por Hydra como por el ejército de Estados Unidos, que considera que todos los agentes de SHIELD son igual de traidores y de terroristas. Los personajes que no encajan en ningún sitio, más que entre ellos, son el leitmotiv más claro del Whedonverso, y el hecho de que Coulson y los suyos no se tengan más que a ellos mismos le confiere a todo el conjunto una sensación de urgencia, y de que la línea entre buenos y malos está muy difuminada, que resulta más entretenida. El arranque de la temporada hasta nos ha dejado un breve vistazo de, tal vez, lo que podremos ver en invierno con “Agent Carter”, y Carl Creel es un villano que realmente presenta un reto interesante. Del estado emocional y mental de Fitz ya hablaremos cuando veamos cómo se desarrolla todo.

 Volver con tu segunda temporada después de haber sido una de las revelaciones de la pasada temporada de otoño nunca es fácil. Con su primera temporada, “Sleepy Hollow” era vista con bastante buena voluntad porque nadie esperaba que aquella idea tan loca y pasada de rosca funcionara, pero las segundas entregas ya no pueden seguir tirando de ese factor. Ahora hay que demostrar que aquello no fue flor de un día, que las aventuras de Ichabod y Abbie contra Moloch y los jinetes del Apocalipsis realmente están construidas por gente que sabe lo que está haciendo. Y no sólo lo saben, sino que no pierden ni un solo minuto en meternos de lleno en la trama y en lanzarnos como si fuéramos Indiana Jones en las vagonetas de la mina del Templo Maldito.

Porque este primer episodio va a toda velocidad. Resuelve en 45 minutos el cliffhanger de la temporada anterior, se acuerda de darle una vuelta de tuerca a otro de los padres fundadores de Estados Unidos (el giro que le dan a los experimentos con la electricidad de Benjamin Franklin es bastante ingenioso), nos presentan la nueva amenaza para la temporada (que recordó un poco a una de las cimas de los efectos especiales del cine moderno) y hasta se las arreglan para no dejarnos sin el gag semanal de Ichabod contra la tecnología. A “Sleepy Hollow” sí se le puede aplicar aquello de que si parpadeas, te lo pierdes. Apunta a volver a ser, como mínimo, tan entretenida como en su primera temporada, y su pareja protagonista sigue teniendo una química a prueba de ejércitos demoníacos.
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