15 septiembre 2014

La sombra de Nueve

Marzo de 2005 es la fecha en la que empezó la nueva era de “Doctor Who”, la etapa en la que Russell T. Davies resucitaba y renovaba para una nueva generación a toda una institución de la televisión británica, una serie que estaba hecha para que padres e hijos se reunieran delante de la tele los sábados por la tarde. Aquella primera temporada descansaba sobre los hombros de un actor con experiencia y plenamente reconocido como Christopher Ecclestone, alguien que le daba cierta pátina de respetabilidad a la vuelta de una serie que muchos espectadores asociaban a un programa cutre para niños, uno al que los adultos no hacía falta que dedicaran ni dos minutos de su atención. Esas aventuras al lado del Noveno Doctor, sin embargo, tuvieron un gran éxito y pavimentaron el camino que se ha seguido en las ocho temporadas que hemos visto hasta ahora; se busca la diversión, los monstruos originales, unas acompañantes con más personalidad y se explora el lado oscuro del Doctor, pero jamás se olvida la tradición de la serie clásica y las líneas que William Hartnell delimitó como el Primer Doctor en 1963.

Davis primero y Steven Moffat después fueron metiendo “Doctor Who” por diferentes caminos, lo rejuvenecieron en apariencia con David Tennant y Matt Smith (dos desconocidos al asumir el papel), potenciaron la serialización, bebieron de las enseñanzas  de Joss Whedon y vieron cómo Estados Unidos acogía con los brazos abiertos, por fin, al loco de la caja azul. Puede no ser allí más que un título de culto de los que son muy populares en Comic-Con, pero no tienen un seguimiento como el de “The Walking Dead”, pero haber conseguido colarse en la portada de Entertainment Weekly y en algunos late-night shows, además de haberse visto referenciado hasta en “Anatomía de Grey”, es una buena muestra de que el Doctor ha salido definitivamente de los confines de las islas británicas. Por el camino, “Doctor Who” se ha vuelto más espectacular y ha celebrado el 50º aniversario de su estreno y, curiosamente, para la temporada de su 51º año, se ha optado por volver al principio.

La elección de Peter Capaldi como Doce es una opción a lo Ecclestone, con un actor más mayor y muy conocido y admirado, y los cuatro episodios que se han emitido hasta ahora de la octava entrega no hacen más que acrecentar la sensación de que Moffat se ha dejado inspirar por la primera temporada de la época moderna para afrontar la que, dicen, podría ser su última entrega al frente de la serie. El segundo episodio de las dos giraba en torno a daleks con los que el Doctor tenía que enfrentarse de un modo muy íntimo, y hasta dejó un paralelismo que los fans fueron raudos en encontrar. La sensación que dejan los capítulos (cuyo ritmo se ha ralentizado, al igual que Capaldi es un Doctor menos frenético que los de Tennant y Smith) es de un nuevo descubrimiento, de la búsuqeda otra vez del sentido de la aventura y la diversión sólo por la aventura y la diversión, de que Doce está reencontrando la esencia del personaje y de la serie. Hasta la siembra del misterio de la temporada, la Tierra Prometida, se está haciendo por ahora de un modo no demasiado diferente de cómo se presentó el de Bad Wolf con Rose y Nueve, con pequeños detalles aquí y allá en cada episodio.

Hay muchos rumores sobre la continuidad de todos los implicados más allá de esta octava entrega, pero mientras tanto, es curioso darse cuenta cómo, después de que Moffat iniciara su reinado empezando casi de cero y construyendo su propio mundo dentro de la serie, casi cuatro temporadas después haya decidido echar la mirada hacia atrás, a otro Doctor que dudaba sobre su verdadera naturaleza como Nueve. Y también es curioso comprobar cómo los espectadores parecen haberse vuelto más serios desde 2005, descartando capítulos ligeros y que apuestan por las tontunas divertidas, como “Robot of Sherwood”, como pérdidas de tiempo absolutas. No entrará en ninguna lista de los mejores episodios de la serie, pero ese entretenimiento sin más, lleno de chistes tontos y referencias literarias y cinematográficas (impagable el momento “El capitán Blood” de Robin Hood), también es “Doctor Who”.
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