24 septiembre 2014

Las calles de Gotham


“¿Alguna vez has bailado con el diablo a la luz de la Luna?” Es inevitable que, quien haya visto el “Batman” de Tim Burton, se acuerde de esa frase cuando arranca el piloto de “Gotham” con una de las escenas más contadas en la historia del cine de superhéroes; el asesinato de los padres de Bruce Wayne. Lo diferente aquí es que lo que sigue no es una gran elipsis hasta el momento en el que el millonario Wayne decide convertirse en Batman, sino el trabajo que los policías de la ciudad hacen para intentar resolver el crimen. En teoría, ése es el centro de la serie, mostrarnos cómo era Gotham antes de que el hombre murciélago se dedicara a luchar contra sus peores criminales y supervillanos, enseñarnos qué tipo de ciudad decadente y corrupta puede crear a gente como Joker, Dos Caras o el Pingüino. Y como Bruce Wayne aún no es más que un niño, nuestros ojos en todo esto será un joven Jim Gordon, futuro comisionado de policía que, de momento, no es más que un detective de homicidios lleno de ideales.

El universo de Batman ha recibido el tratamiento noir en bastantes ocasiones en los cómics (un autor tan reputado en el género como Ed Brubaker lo ha hecho varias veces), pero en el cine se había ido más por el lado de las aventuras camp o de la deconstrucción sesuda de su figura. “Gotham”, con su centro en los policías, puede aportar algo un poco distinto, y no sólo porque el caballero oscuro no sea ni siquiera una pesadilla premonitoria del pequeño Bruce. Uno de los cómics considerados como más frescos dentro del mundo de ese héroe es “Gotham Central”, una historia que seguía a los detectives de la unidad de crímenes prioritarios de la ciudad mientras luchaban contra el crimen bajo la sombra (no siempre bienvenida) de Batman. Estaba más cerca de “Homicidio” y “Policías de Nueva York” que de “Batman begins”, y es bastante curioso que dos de sus policías, Renee Montoya y Crispus Allen, aparezcan en la serie. ¿Pueden ser una pista del camino que “Gotham” va a seguir en las próximas semanas?

El primer capítulo peca del defecto habitual del 80% de los pilotos; hay demasiadas cosas peleando por destacar y llamar nuestra atención. La atmósfera de la ciudad (que su creador, Bruno Heller, ha comparado con el Nueva York de los 70, pero que podría ser también la ciudad lluviosa y sin nombre de “Seven”) está muy lograda, y la pareja Harvey Bullock-Jim Gordon puede resultar entretenida e interesante más adelante. Hay actores que pintan bien de inicio, ya sea Donal Logue como el propio Bullock, una gloriosamente pasada de rosca Jada Pinkett Smith como la mafiosa Fish Mooney o el descubrimiento del capítulo, Robin Taylor Lord como Oswald Cobblepot, quien años más tarde será el Pingüino. Pero hay demasiadas presentaciones de futuros villanos, y están hechas con demasiada brocha gorda (a Ed Nygma podrían habérselo reservado para el segundo episodio sin problemas). Sorprende que no se hayan animado hasta a introducir a la madre del futuro Robin.

El atropellamiento de un exceso de personajes y de tramas es común en los pilotos, como decimos, pues intentan llamar la atención de los ejecutivos de cadenas que se han visto otros setenta capítulos del mismo estilo, así que lo que al final se juzga de ellos es su potencial, como si fueran jóvenes universitarios que se presentan al draft de la NBA. Siguiendo con esa comparación, “Gotham” no es el LeBron James del instituto, pero tampoco parece ser un Greg Oden. Hay mimbres para que la serie (que apunta tirar por el lado policíaco, por lo que Heller ha comentado) pueda ser entretenida e interesante, incluso aunque pueda acabar teniendo a su principal enemiga en una compañera de estudio, pero rival de cadena, como “Arrow”, que lleva dos temporadas picoteando del universo Batman (y de las películas de Christopher Nolan) con bastantes buenos resultados. ¿Seguirá siendo “Batman, la serie animada” el estándar para las adaptaciones a televisión del hombre murciélago?
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