29 septiembre 2014

Las aventuras de Claire Randall

Seguramente recordáis aquel término de “la televisión de serie B” que acuñó la crítica Maureen Ryan para referirse a un tipo de series que estaba surgiendo lejos de las pretensiones y de los clichés de las “series de prestigio” del cable premium, sobre todo. Eran historias en muchas ocasiones de género, con menos recursos presupuestarios, que buscaban el entretenimiento y cuyas protagonistas principales eran mujeres, revirtiendo la tendencia hasta la fecha de que casi todas las series nuevas que parecían llamar más la atención de los críticos estuvieran centradas en hombres. Es un término que sirve para dar nombre a una tendencia bastante concreta, pero sólo se refiere a una parte de esas nuevas series que están llegando a las pantallas apostando por una mujer en su centro. Las heroínas están sustituyendo a los antihéroes, y una de las series que más claramente está liderando ese cambio es “Outlander”.

También es cierto que el género en el que se adscriben las novelas de Diana Gabaldón en las que se basa (la novela romántica, aunque con sus toques de ciencia ficción y ficción histórica) tiene por defecto una protagonista femenina que facilita que su público se identifique con ella, pero Claire Fraser, la protagonista de la serie, está retratada como algo más que el objeto de las atenciones amorosas de un irresistible highlander. Es la heroína de un relato de aventuras, de su relato de aventuras, y está construida de tal modo que veamos que tiene sus virtudes y defectos, que aunque le cuesta adaptarse a su nueva situación entre los Mackenzie (y aún quiere regresar a 1945), es lo suficientemente inteligente como para sobrevivir entre ellos y hasta ganarse su favor, pero que también tiene sus defectos y no puede ocultar que es una mujer de los 40 en el siglo XVIII, lo que a veces la pone en peligro sin que se dé cuenta.

La lentitud con la que “Outlander” ha ido desarrollando la trama de estos primeros ocho capítulos ha servido para construir la atmósfera y, sobre todo, a Claire. Si por algo destacaba la anterior serie supervisada por Ronald D. Moore, “Battlestar Galactica”, era por el fantástico dibujo de sus personajes, y esa característica se ha trasladado a la serie de Starz. Hasta Black Jack, el malo de la función, tiene más grises de los que, probablemente, le hacen falta, pero todo eso contribuye a elevar el nivel de la serie. Eso sí, no deja de ser cierto que, para que llegue a un público más amplio, siempre va a tener que superar la idea preconcebida de que es un título “para señoras”, de que no ofrece nada más allá de una historia de amor en condiciones peculiares. Sin embargo, las peripecias de Claire por adaptarse a las Highlands de 1743 saltan esas barreras de género, porque como decimos, lo suyo es una historia de aventuras con sus villanos, sus aliados, su lado romántico y hasta sus escenas de peligro y de tortura del héroe a manos de los malos, aunque que Claire sea mujer le confiere un toque diferente a todo esto (como que la tortura de la que debe escapar involucra al final siempre la violación, por ejemplo).

Hasta el 4 de abril no veremos de nuevo a los escoceses luchando contra los casacas rojas ingleses, pero mientras tanto, no sería nada extraño que “Outlander” vaya ganando una mejor consideración de cara a las listas de final de año, como comentamos en la edición de esta semana de Yo disparé a JR. Ron Moore y su equipo ha creado un mundo muy creíble, poblado por personajes muy bien definidos, y aunque tenga alguna que otra cosa un poco más convencional de la cuenta, ver cómo Claire se maneja entre toda esa gente ha resultado una de las cosas más entretenidas del final del verano. Y sí, esa boda va a acabar encabezando todas las listas de las escenas más tórridas del año, tanto en televisión como en el cine.
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