02 septiembre 2014

Etiquetas y prejuicios

“Este es uno de esos episodios que nos recuerda que “Outlander” no está en absoluto interesada en avanzar hasta la parte buena. Es decir, Jamie y Claire siguen sin acostarse juntos en este episodio y probablemente no lo harán en el próximo episodio, o en el siguiente a ése, y estoy empezando a pensar que todo lo que he oído sobre “Outlander” es un producto de la hiperactiva y calenturienta imaginación de alguien. Gracias por eso, Internet”. Con este párrafo comenzaba el recap de Vulture del cuarto capítulo de “Outlander”, la serie de Starz que adapta una saga de novela romántica-histórica-de ciencia ficción de Diana Gabaldon. El resto del artículo tiene un tono que lo acerca un poco a algo más humorístico que a un recap-crítica, pero ese inicio resulta interesante por poner de manifiesto lo fácil que es colocar una etiqueta rápida sobre una serie, por ejemplo, y lo difícil que es quitársela de encima después.

Las ideas preconcebidas sobre alguna obra cultural no son nada nuevo. Podemos tener una noción aproximada sobre “Casablanca”, o creer que la tenemos, sin haberla visto nunca, sólo a través de lo que leemos sobre ella, o lo que otras personas nos cuentan sobre ella, o a través de las partes que se vuelven más populares. Muchas veces, cuando finalmente la vemos, nos damos cuenta que la idea que nos habíamos hecho de ella en nuestra cabeza poco tiene que ver con como es la película en realidad, y eso sirve también para las series. Quien se anime a ver ahora “Mad Men” tras siete años de alabanzas, cuatro Emmys seguidos a mejor drama y esos sesudísimos análisis que se publican en los blogs americanos tras cada episodio, quizás se lleve una sorpresa al comprobar que tiene bastante más humor de lo que podría parecer (Roger Sterling es un seguro en ese aspecto). Del mismo modo, sabiendo el género al que se adscriben los libros de Gabaldon y con la experiencia pasada de otras series emitidas por Starz, puede decirse que sorprende que “Outlander” sólo haya tenido una escena de sexo con desnudos en el primer episodio y, después, nada en los siguientes tres capítulos (“Roma” era bastante más exhibicionista, como quien dice, en ese punto de su primera temporada).

La sorpresa viene, no obstante, por ese prejuicio, por esa preconcepción sobre la serie que podemos tener antes de verla, y si no hemos leído el material en el que se basa. Algo similar le ocurre a “Juego de tronos”, que jamás podrá quitarse de encima la etiqueta de la sexposition por mucho que el tratamiento del sexo haya evolucionado en las cuatro temporadas que lleva emitidas. Es cierto que ellos solos se lo han buscado, pero no hay más que ver a Daenerys con Drogo y, después, con Daario para comprobarlo. Sin embargo, para alguien que no haya visto nada de la serie, le va a quedar esa imagen del “Game of porn”, imagen que los productores de la serie reconocen que les ha traído más de un problema a la hora de buscar determinadas localizaciones (es realmente muy curioso que los periodistas utilicen el éxito de HBO para preguntarle a “Masters of sex” si sus escenas de sexo son gratuitas, generando conversaciones en las que queda claro que ni unos ni otros han visto demasiado de ambas series).

Yo tenía exactamente la misma preconcepción hacia “Outlander” de la que hace gala el recap de Vulture, y lo cierto es que, por ahora, está resultando bastante más interesante de lo que esperaba, aunque también es verdad que, a veces, no le habría venido mal a algún capítulo algo más de nervio. Claire es una gran protagonista, y se han preocupado por construir bien el mundo extraño en el que se encuentra. La voz en off continúa siendo un problema, pero en el resto de aspectos, realmente parece que Starz ha dado con un éxito acompañado, además, de buenas críticas. Aunque las etiquetas asignadas a ella desde el principio no van a disolverse así como así.
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