21 enero 2016

El color de los premios

 El año pasado, la conversación alrededor de los Oscar casi giró más alrededor de la falta de diversidad racial de sus nominados que de los méritos de los candidatos. La ausencia de "Selma", en la que había puestas grandes esperanzas en su directora, Ava DuVernay, y su actor protagonista, David Oyelowo, fue vista como un ejemplo muy claro de cómo la Academia de Hollywood todavía está dominada por votantes de gustos bastante conservadores, por hombres blancos heterosexuales de edad ya provecta que apenas prestan atención a películas que no hablen de ellos. La victoria de "12 años de esclavitud" en la edición anterior había sido una excepción, como volverían a demostrar las nominaciones de este año.

Había varias cintas con protagonistas negros que sonaban, al principio de la carrera, para conseguir alguna candidatura a estos premios. Estaba "Concussion" (o "La verdad duele") , en la que Will Smith interpreta a un médico que se enfrentó a la NFL por las lesiones cerebrales que la práctica del fútbol americano causa a algunos jugadores; estaba "Beasts of no nation", la película de Netflix sobre los niños de la guerra africanos por la que Idris Elba ha recibido, por ejemplo, una nominación al SAG a mejor secundario; estaba "Straight outta Compton", la cinta sobre el grupo NWA que fue un sorprendente éxito de taquilla en septiembre, y estaba "Creed", la nueva entrega en la saga de Rocky Balboa centrada, esta vez, en el hijo de Apollo Creed, al que da vida Michael B. Jordan. De todas ellas, "Straight outta Compton" logró una nominación al mejor guión y "Creed", al mejor secundario, para Sylvester Stallone.

De varias de estas películas, podría argumentarse que no tenían lo suficiente para conseguir llamar la atención de la Academia. Las críticas de "Concussion" han sido tibias, "Beasts of no nation" no parece haber hecho el ruido mediático que debería, y es posible que NWA todavía sea visto como un grupo "peligroso" cuya película, además, recuerda a los votantes cosas como las revueltas en Los Ángeles que siguieron a la paliza que la policía propinó a Rodney King cuando lo arrestaba por conducir ebrio. Y nos queda "Creed", que vuelve a la historia de Rocky justo 40 años después del éxito de la primera película en los Oscar de 1976 y cuyo protagonista es uno de los actores jóvenes más al alza de Hollywood, y que ya estuvo cerca de lograr una nominación con "Fruitvale Station".

Ha sido, al final, la narrativa del comeback de Stallone (como si no hubiera tenido un gran éxito con las películas de "Los mercenarios") la que ha prevalecido para los Oscar, y ha hecho que los nominados principales vuelvan a verse uniformemente blancos y heteros ("Carol", la historia de amor lésbico de Todd Haynes, no consiguió entrar en mejor película y director, aunque sí tiene candidaturas para sus actrices, por ejemplo). Esto ha propiciado toda una cascada de reacciones, otra vez alrededor del hashtag #OscarsSoWhite, e impulsada en parte por la decisión de Spike Lee, que recibió en noviembre un Oscar honorífico, de no ir a la gala en protesta por esa falta de diversidad. Y aunque es muy criticable que, por segundo año consecutivo, no haya actores no blancos nominados, lo que parece que se está perdiendo es la discusión del problema estructural.

Viola Davis afirmó, cuando recibió el Emmy a mejor actriz de drama por "How to get away with murder", que era imposible ganar premios por papeles que no estaban ahí, y ese discurso se ha mencionado cada vez que se trata el tema de la diversidad en Hollywood. La presidenta de la Academia, Cheryl Boone Isaacs (curiosamente, una mujer negra), respondió a esta controversia con una carta en la que afirmaba que la solución a este tema estaba en invitar a la Academia a miembros más diversos, en heterogeneizar la composición de los votantes para que sus nominaciones se fueran saliendo de la norma. Y, por otro lado, en los estudios tiene que haber también más diversidad entre los ejecutivos que deciden qué películas se hacen y cuáles no. Si todos son hombres blancos cincuentones, por ejemplo, es más fácil que hagan una película de "Los Soprano" que de "Empire".
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