08 octubre 2011

Los mejores dramas en abierto

Esta semana, curiosamente, he dado con dos entradas que tocaban el mismo tema y sacaban prácticamente las mismas conclusiones, escritas con pocos días de diferencia y en países e idiomas diferentes. El principio de una nueva temporada televisiva en Estados Unidos suele prestarse a estas cosas, en especial porque, siempre que las networks estrenan dramas que intentan seguir algunas de las tendencias instauradas en el cable, surgen las inevitables comparaciones con esos títulos considerados por unanimidad como las mejores series actualmente en antena, como "Mad Men" y "Breaking Bad". Este año, además, la comparación aún era más obvia porque dos de los estrenos bebían directamente de la influencia de Don Draper y sus publicitarios de Madison Avenue (la ya cancelada "The Playboy Club" y "Pan Am"), y al final alguien tiene que acabar escribiendo un artículo que se pregunte si las networks se han olvidado de cómo hacer dramas interesantes y originales, como éste de "The Guardian". De hecho, su autor dice ya en el subtítulo que deberían dejar de preocuparse por copiar novedosas series de cable y centrarse en lo que ellas sabían hacer perfectamente no hace tanto tiempo.

¿Y eso qué es? Pues dramas como "Fringe" y "The good wife", títulos que tanto el artículo inglés como esta entrada de "El cine ha muerto" identifican como los dos mejores dramas en emisión ahora mismo en abierto en Estados Unidos, dos series ambiciosas, bien escritas, bien interpretadas, que no subestiman la inteligencia de sus espectadores y que no se olvidan que están en una cadena generalista en abierto y que tienen que llegar a un público más amplio (aunque, a estas alturas de "Fringe", eso ya no es tan cierto en su caso). Las dos empezaron usando una fachada de un género muy conocido para ubicar sus piezas (las series de abogados y los procedimentales con toques fantásticos), y aún emplean esas fachadas para que les sirvan de los andamios que sujetan tramas seriales de fondo llenas de dobleces y de implicaciones que trascienden sus géneros para, sin tener que explicitarlo a través de los diálogos, hablar de otros asuntos más trascendentales, valga la redundancia.

"The Guardian" recogía unas declaraciones de John Landgraff, presidente de FX, que decía que las networks se habían olvidado de programar el horario de las 10 de la noche, que es el hueco en el que se supone que ya no hay niños despiertos delante de la tele y se pueden hacer series más adultas. Curiosamente, tanto "The good wife" como "Fringe" se emiten esta temporada a las 9, pero una el domingo y la otra el viernes (y FOX siempre ha cedido esa hora a sus afiliadas locales), y han alcanzado un estatus dentro de sus cadenas y de cara a la crítica y el público que les permiten salirse con la suya en asuntos que podrían parecer triviales como el tratamiento de las escenas de sexo en la primera y el nivel de serialización y de conceptos de ciencia ficción que puede incluir la segunda.

Ambas, además, son muy conscientes de que, en televisión, hay que cuidar aún más de lo habitual a los personajes porque son la clave para su supervivencia a largo plazo, y gracias a eso han podido sobrevivir a tramas poco trabajadas o a un inicio con poca chispa. Ver a Alicia, Eli y Kalinda moverse por ese mundo de tiburones que es el sistema judicial de Chicago, y a Walter y Olivia navegar historias personales llenas de decepciones y traumas son, al menos para mí, razones mucho más poderosas para seguirlas semanalmente que averiguar si los dos universos chocarán o si Peter Florrick acabará siendo senador. Encontrarme estas dos entradas resaltando "The good wife" y "Fringe" aún me hizo más gracia porque este verano acabé hablando de ellas en la sección sobre blogs de "Cámara abierta 2.0", en La 2, un programa, por cierto, muy recomendable.
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