21 abril 2013

En el fondo del lago

Para los japoneses, el agua estancada es un símbolo de cosas malvadas, así que la quietud de la superficie del lago de "Top of the lake" no puede presagiar nada bueno.  Y, por supuesto, no lo hace. Nada de lo que ocurre en esa comunidad de Laketop, ese pueblo enroscado en la ladera de una montaña, es "bueno"; todo está viciado por años y años de comportamientos que en ese lugar tan aislado y cerrado en sí mismo pueden parecer "normales", pero que dan pie a que se produzcan las perversiones que terminan cambiando la vida de la pequeña Tui, del mismo modo que cambiaron, y se puede decir que destrozaron, la de Robin Griffin. Al final, y como se veía venir, el verdadero caso que Robin debe resolver es ella misma y sus demonios del pasado, todo lo que dejó atrás cuando se marchó a Australia siendo una adolescente, pero que permanecía sumergido en el fondo del lago, esperando el momento para volver a resurgir.

Robin (y Elisabeth Moss, que podría llevarse aquí el Emmy que por "Mad Men" se le resiste) es el centro de todo, el enigma que el espectador debe intentar solucionar, pero no es fácil porque la miniserie no da respuestas; propone situaciones, preguntas, y deja que seamos nosotros los que atemos cabos por nuestra cuenta. La resolución de todo el misterio no es tal sorpresa (hay pistas aquí y allá de quién puede estar detrás de todo casi desde el principio), pero resulta interesante que Robin no sea capaz de verlo hasta que no está más capacitada para aceptarse a sí misma, para dejar que su cuerpo y su naturaleza le hablen, como le dice GJ. GJ, por cierto, ha aportado el toque un poco excéntrico y hasta humorístico a "Top of the lake"; de hecho, hay un par de toques de humor negro y sutil bastante curioso en el último episodio (uno de ellos concierne a Tui y al borracho del lugar), y el grupo de mujeres que se refugia en Paradise siempre ha tenido detalles bastante divertidos.

Pero una cosa es segura, y es que "Top of the lake" se aprecia mejor si se ve de seguido, como si fuera una película de seis horas, que con el esquema semanal de una serie (o miniserie) normal.Las críticas que aparecieron después de su pase en el festival de Sundance se beneficiaban de haberla visto así, del tirón, con lo que a lo mejor los cortes extraños de episodio a episodio (y en los pasos a publicidad) no se notaban tanto. Y probablemente se notará también menos la sensación de bajón que dan un par de capítulos en medio en los que nos centramos en el pasado y en la historia familiar de Robin, una historia de la que sabe menos de lo que cree y que es más importante de lo que piensa en un principio. Es interesante algo que apunta "Salon" sobre la serie, y es que es muy consciente de que en los policiacos siempre está presente la idea de la tardanza, de que cuando los detectives se involucran en algo siempre es tarde, el daño ya está hecho. Sí, la historia de Tui se resuelve, ¿pero qué más da? No se puede dar marcha atrás.

No es extraño que haya habido división de opiniones sobre la obra de Jane Campion. Es contemplativa, muy atmosférica, no juega siguiendo casi ninguna de las normas de las historias de detectives, el "caso" acaba resolviéndose según sus cauces naturales, como quien dice, y Robin, al final, nos deja con más preguntas que respuestas. Tampoco parecía plegarse a los ritmos televisivos, lo que dejaba bastante confuso, y se resiste a explicarnos nada ni a mostrarnos nada que nos ayude a buscar una explicación. Me vais a permitir un pequeño "sacrilegio" y que traiga aquí a colación el último capítulo de "Smash" y "That's life", una canción de Frank Sinatra que versionan en él. Porque parece que eso es lo que "Top of the lake" acaba diciéndonos; así es la vida en Laketop, y nada de lo que hagas por controlarla dará resultado.

Música de la semana: "Awkward" ha vuelto a la parrilla de MTV con su humor ácido y ritmo veloz intactos, y entre las muchas canciones que sonaban en su estreno doble de la tercera temporada figuraba este "Lo-fi" de la cantante australiana Sophie Koh.
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