09 abril 2013

Más Peggy y menos Don

Cuando "Mad Men" empezó, su personaje central, el que atraía más la atención y tenía al público más fascinado, era Don Draper. Al fin y al cabo, era su gran protagonista desde el primer capítulo, y toda la serie está contando su lenta caída desde la cima (y, por ende, el fin de un modo de entender la vida y el "sueño americano"). Su hermetismo sobre su pasado, su talento para encontrar ideas que den en el clavo a la hora de vender algún producto, su magnetismo con las mujeres o su divertida (pero superficial) amistad con Roger Sterling lo elevaron rápidamente a los altares de los personajes complejos, de los antihéroes que protagonizan las series más prestigiosas (porque no olvidemos que Don engaña sistemáticamente a su mujer, maltrata verbalmente a sus empleados y tiene un serio problema con el alcohol), pero ha ocurrido una cosa curiosa conforme han pasado las temporadas de la serie y hemos llegado a una sexta en la que la historia está ya más cerca de los 70 que de los 50; Don ha perdido interés y lo han ganado algunas de las mujeres a su alrededor.

Las crisis de identidad del señor Draper las hemos visto ya bastantes veces y, evidentemente, su única evolución va a ser hacia una mayor oscuridad (las alegorías con la muerte empiezan a ser demasiado obvias), pero mientras él está básicamente estancado, personajes como Peggy y Joan han ido creciendo y madurando. Sus problemas no son exactamente los mismos que al principio y, en el caso de Peggy, bien puede ser el personaje más interesante de "Mad Men" desde hace un par de temporadas (y el que deja mejores gifs de todos). Su ascenso profesional se ha ido viendo en paralelo a su maduración como persona y, en parte, representa muy bien los cambios en los roles de las mujeres que se produjeron a partir de finales de los 60. Peggy adora su trabajo y quiere ser la mejor en él, mientras Joan, por su parte, no quiere ser definida por los hombres en su vida, y se da cuenta de que la oficina (donde es muy respetada) le ofrece esa independencia que su marido cohartaba, aunque al principio de la serie pensara de otro modo. La oportunidad de que Peggy siga un camino parecido al de Don en esta sexta temporada puede dejar buenos momentos en una serie en la que las mujeres han ido tomando poco a poco el protagonismo que tenían los hombres inicialmente, incluso aunque éstos sigan figurando más prominentemente.

De hecho, los hombres de "Mad Men" parecen representar, en general, el pasado, mientras las mujeres representan el futuro. Y mientras la crítica estadounidense elogia a Matthew Weiner por el modo en el que muestra ese cambio en los roles de género, también le afea que, adentrándose en años tan convulsos en la lucha por los derechos civiles como los de finales de los 60, no esté a la altura al tratar la cuestión racial. Lo cierto es que deberíamos decir, un poco en su descargo, que la integración de hechos históricos en la trama no es uno de los fuertes de la serie. La mitad de las veces se notan forzados (aquella metáfora entre el asesinato de Kennedy y el futuro de la agencia, por ejemplo), y cuando algunos personajes explicitan determinadas ideas que formaban parte de la época (como ese okupa que habla con Betty en el primer episodio de la sexta entrega), "Mad Men" pierde toda la sutileza que la caracteriza habitualmente. Los nuevos capítulos van a ambientarse en 1968, un año realmente convulso y lleno de acontecimientos fundamentales (incluidos los asesinatos de Martin Luther King Jr. y Bobby Kennedy), y lo que sí se nota es que segñun se acerca a 1970, la serie se suelta más formalmente y se adapta a los tiempos.
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