15 julio 2015

La caja de Pandora

AVISO: "Person of interest" está siendo la serie con la que estoy poniéndome al día este verano (y el pasado verano). El visionado ha llegado a la tercera temporada, así que sois un poco sensibles con los spoilers, no sigáis leyendo si no sabéis a qué pinta Radiohead en su último capítulo.

"Esto nunca fue sobre ganar. Esto iba de sobrevivir". Esa afirmación de Root en el final de la tercera temporada de "Person of interest" refleja perfectamente el tono que la trama serializada adopta en esa entrega, y probablemente el que seguirá en la cuarta. El cierre de la subtrama de HR y la corrupción policial, y el paso definitivo al frente de las personas que quieren controlar la Máquina, o que quieren construir otra mucho más poderosa, hace que la serie dé un notable salto cualitativo que no sólo tiene que ver con el mayor protagonismo de Amy Acker y Sarah Shahi. El aspecto más de ciencia ficción de "Person of interest" es el de esas inteligencias artificiales capaces de discernir, en el mejor estilo "Minority report", cuándo se va a producir un acto violento, sea terrorista o no, y su vigilancia total sobre la ciudadanía (que es un aspecto que hace tiempo que dejó de ser ciencia ficción), y la tercera temporada se mete de lleno en él, explorando las consideraciones éticas que implica la puesta en marcha no sólo de Samaritan, sino también de Northern Lights.

Ése es un lado que puede ser muy interesante de cara a una cuarta temporada que yo aún no he visto. La manera que Décima y Finch tienen de relacionarse con sus máquinas respectivas es muy diferente. La de Finch puede haber desarrollado cierta autoconsciencia y cierta capacidad de decisión por sí misma, pero está al servicio de los humanos y tiene incluidos de serie, como si dijéramos, también ciertos límites en sus actividades. Samaritan, por contra, no tiene ninguna cortapisa a su poder y sus "responsables" humanos están, en realidad, a su servicio. En la segunda temporada se ve que la Máquina se preocupa por Finch y por sus agentes. ¿Será eso una debilidad, del mismo que puede serlo que ellos pongan por encima de todo la conservación de la vida humana (como se aprecia en el capítulo en el que pueden matar al congresista que posibilita la puesta en marcha de Samaritan)?

Esta tercera entrega lleva a los personajes por caminos bastante coimplicados emocionalmente. La pérdida de Joss Carter (que se afronta en un capítulo con un arranque sensacional a los compases de Johnny Cash) arroja una larga sombra, sobre todo, sobre las acciones de Reese, que se da cuenta de que la guerra que están librando requiere de acciones más drásticas de las que Finch está dispuesto a tomar. Por su parte, Shaw (que es la verdadera revelación de la temporada) ya no es la misma asesina fría y desconectada que antes, y hasta Root empieza a preocuparse más por las personas a su alrededor. El equipo de la Máquina se humaniza más mientras sus rivales, el Equipo Samaritan, se vuelven más "robóticos", en aras de la seguridad nacional. Y del beneficio de las empresas privadas a costa de trabajos que, tradicionalmente, eran competencia del estado.

La tercera temporada de "Person of interest" termina con la caja de Pandora abierta y todos los males del mundo, personificados en Samaritan, sueltos por ahí. Aunque la esperanza sea lo único que quede en su fondo, Finch, Reese y compañía no lo van a tener tan fácil para plantar cara a esa nueva amenaza que, de cara a la galería, se presenta como la gran garante de la protección de los ciudadanos, a costa de espiarlos hasta en sus esferas más privadas. ¿Hasta dónde evolucionarán lqs dos inteligencias artificiales? ¿Estará la clave en la que sea capaz de pensar más como los humanos, más "fuera de la caja"?
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