10 julio 2016

De Litchfield al páramo de Culloden


Con las series de Netflix, una nunca sabe cuándo escribir. Si esperas dos semanas para ello, ¿deberías comentar directamente la temporada entera? ¿O no pasa nada por hablar sobre la primera mitad, si es que no has podido ver nada más? Es el dilema anual de "Orange is the new black", de la que resulta aún más imposible huir de los spoilers que de "Juego de tronos". Es curioso darse cuenta de cómo, en los seis primeros capítulos, se va preparando el drama que, al parecer, se desata al final. Incluso en subtramas más serias, hay siempre un hueco para el humor, como en la subtrama de Lolly y Alex, pero la llegada de todo ese contingente de nuevas presas, unido al poco espacio disponible en Litchfield, no presagia nada bueno. Y eso sin necesidad de que Piper vaya metiendo más la pata que de costumbre. El retrato de la protagonista nominal de la serie ha resultado controvertido, pero ya hablaremos de ello cuando acabe la temporada, y vea si se confirma mi idea de que Piper Chapman es, básicamente, Hannah Horvath.

La mayor relevancia de las presas latinas recuerda un poco a la trama de Vee Parker en la segunda temporada, y se hace más explícito el racismo entre los diferentes grupos en los que se juntan las reclusas. Al haber tantos personajes, hay muchos que vemos demasiado poco (como Gloria o Taystee) y otros a los que se les da la oportunidad de dar un paso al frente que no habían tenido antes. Es verdad que, incluso en su punto medio, la cuarta temporada de "Orange is the new black" va evolucionando lentamente hacia el drama, aunque tenga algunos personajes que utilice sobre todo para no dejar de lado la comedia (como Judy King, en un escalón por encima de Chapman en cuanto a los privilegios porque, además de ser blanca, es rica y famosa). En realidad, son más interesantes los pequeños dramas alrededor de la gran trama central de las "bandas" carcelarias que esa trama central, desde la situación de Sophia a esa tierna relación entre Poussey y Soso. El fuerte de "Orange is the new black" está en las pequeñas viñetas de las vidas de sus protagonistas en prisión.

La que no puede utilizar pequeñas viñetas como estructura es "Outlander", que ha terminado la segunda temporada recordando un poco a la tercera de "Perdidos". Los saltos temporales arrancan y terminan una tanda de episodios que han sido un despliegue de diseño de producción y vestuario, aprovechando todo lo posible el interludio parisino de Claire y Jaime. Y también han representado un cambio en el tono de la serie. Su protagonistam Claire, ya no es una extraña en ese mundo. Asume que va a ser su vida, y decide hacer todo lo posible para mejorarla. En este caso, intenta cambiar la historia, pero lo hace siempre de una manera muy egoísta, como si dijéramos. No pretende salvar el modo de vida de los clanes escoceses; su intención es, solamente, salvar a Jaime. Es la supervivencia de su familia lo que la mueve.

Las intrigas palaciegas en Francia ha sido una prueba un poco más dura de lo habitual para algunos fans, pero esas intrigas sí dejaron un episodio emocionalmente muy duro, "Faith", que es de los mejores capítulos que ha hecho la serie hasta ahora, y permitieron a Jaime ser algo más que el galán rudo, pero gentil. Lo mejor que tiene "Outlander" es la exploración del carácter de su protagonista, incluso en ese último capítulo en el que tiene que enfrentarse a otro tipo de dilema. Es probable que "Dragonfly in amber" enfatice demasiado las expresiones intensas de amor, pero sí resulta un círculo muy interesante con el principio de la serie, y abre unas posibilidades aún mejores para la tercera temporada.

Por cierto, que ha sido curioso ver cómo los títulos de crédito iban cambiando dependiendo de dónde se encontraran Claire y Jaime. Empiezan con una instrumentación claramente de orquesta de cámara cuando están en Francia y, al regresar a Escocia, se potencia la percusión para dar a entender que vuelven a un país en guerra.

Música de la semana: La banda sonora de ese último capítulo de "Outlander" alterna la música de Bear McCreary con unas selecciones musicales realmente curiosas, ya que parte de la trama transcurre en 1968. La última canción, por ejemplo, es un tema bastante épico (dura nada menos que once minutazos) de The Chamber Brothers, "Time has come today", pero antes, a mitad del episodio, es posible escuchar uno de los mayores éxitos de finales de los 60: "Reach out", de los Four Tops.
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