22 julio 2016

Los temas de las "series de moda"


De vez en cuando hay siempre un artículo sobre series de televisión, escrito por algún columnista de un periódico importante, que mosquea a los seriéfilos por una u otra razón. Puede ser por despreciar las series de Disney Channel (aunque es verdad que muchas son un horror) o por lo que publicó hace unos días el escritor Santiago Roncagliolo en El País. A propósito de "BoJack Horseman" y su tratamiento de asuntos como la depresión o el fracaso, Roncagliolo se venía arriba, coloquialmente hablando, al glosar las virtudes de la serie de Netflix y cerraba su columna afirmando que "curiosamente, las series de moda evitan estos temas. La tele de carne y hueso nos pinta castillos y dragones, conspiraciones políticas y sucesos históricos. Pero nunca pretende incomodar al espectador".

Probablemente, le perdió a Roncagliolo algo de lo que todos somos culpables muchas veces; descubrimos una serie que nos encanta y que nos llega personalmente de un modo muy especial,y creemos que es la única serie buena que se ha producido en mucho tiempo. Hasta podemos creernos un poco snobs y aseverar que todas esas series de seguimiento masivo, como "Juego de tronos", "House of cards" o "El ministerio del tiempo", no son más que vulgares entretenimientos para todos los públicos. Y ese tipo de entretenimientos, ya se sabe, siempre buscan el mínimo común denominador. Si no, ¿a santo de qué iba a ser tan populares? Si el rasero para medir la calidad de una ficción televisiva es incomodar, habrá que ser más específico, porque casi más incómoda de ver que "BoJack Horseman" podía ser "Mystery girls", pero por otras razones.

Todas las series van sobre algo. Hasta las más chuscas tienen algún tema, un hilo conductor de todos sus episodios, aunque no lo traten especialmente bien. Los juegos de poder y la manera en la que las mujeres van afianzando sus posiciones en "Juego de tronos" son temas tan válidos como el esfuerzo de BoJack por no sentirse un fracasado, un "has been". Si buscamos series que planteen preguntas incómodas, ahí está esa "Battlestar Galactica" con la imposibilidad de distinguir amigos de enemigos sólo dos años después del 11-S. O toda esa cuarta temporada de "The Wire", con su mirada al sistema educativo. O ese inquietante subtexto sobre propiedad e individualidad que está al fondo de "Orphan Black". O la constante pelea contra la adicción de "Mom". O la exploración del duelo, disfrazada de historia fantástica con gran nostalgia por los 80, de "Stranger things". O el riesgo que presenta ignorar la historia pasada en "El ministerio del tiempo".

Lógicamente, no todas tocan esos temas de la misma manera, ni con la misma intensidad, porque no son todas iguales, y menos mal que es así. No se puede sobrevivir sólo viendo "BoJack Horseman", o las desgracias y la resistencia a toda costa de los protagonistas de "Treme". Hace falta que "Orange is the new black", por ejemplo, cuele alguna subtrama un poco más tontorrona en medio del tratamiento como si fueran sillas o piezas de maquinaria que la empresa propietaria de la cárcel hace de sus reclusas. Muchas veces, no hace falta que nadie en la serie grite a la pantalla "mira, estamos hablando de cosas incómodas y dolorosas" para que el espectador se dé cuenta. De hecho, las malas series son las que optan por presentar así esos asuntos.
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