26 julio 2016

Los mundos alternativos de "Fringe"


La primavera pasada, cuando Barry Allen explicó en el crossover de "The Flash" con "Supergirl" lo que era el multiverso, los espectadores de "Fringe", probablemente, no pudieron evitar una sonrisa al recordar lo que habría hecho Walter Bishop para explicar algo así. No era el primer dejà vú que el Velocista Escarlata dejaría a la serie fantástica de FOX durante los últimos episodios de su segunda temporada, algo que no era extraño por la capacidad de Barry de pasar a Tierra-2, y porque uno de sus productores ejecutivos, Andrew Kreisberg, fue guionista de "Fringe" brevemente. Lo más curioso ha sido recordar esta serie por culpa de "Stranger things", que en su coctelera de influencias agita también algunas que sobrevuelan sobre esa producción de J.J. Abrams.

En concreto (y sin entrar en terreno de spoilers), a veces parece que nos estén contando esos experimentos con cortexiphan que Walter y William Bell hicieron en varios niños durante los 70 y los 80, y de ahí a recordar lo que hacía interesante, y recomendable, a "Fringe" sólo va un paso. Y es justamente el que vamos a dar. Si estáis buscando una serie que maratonear en lo que queda de verano, y os apetece algo de ciencia ficción, las cinco temporadas de esta serie pueden ser una buena opción. El mundo que se va construyendo, y desvelando, en ellas es uno de los más entretenidos que se han visto en la televisión recientemente, con una evolución de sus personajes igualmente destacable.

"Fringe" (estrenada en 2008) era la siguiente serie con cierto componente de misterio en la que J.J. Abrams estaba involucrado en su creación desde "Perdidos", a la que aún le quedaban entonces dos años para terminar. De hecho, la sombra de esa serie, y de "Expediente X", sobrevoló con fuerza la primera temporada, y no sólo porque en su piloto hubiera también un avión en el que pasaba algo extraño. Su protagonista era una agente del FBI, Olivia Dunham, que tenía que reclutar a un científico un poco loco (Walter Bishop) para que le ayudara a resolver casos en el límite entre la ciencia y la ciencia ficción. Pero para poder trabajar con él, tenía que contar también con la ayuda de su hijo Peter, el único que podía sacar a Walter del psiquiátrico donde había pasado los últimos años.

"Fringe" arranca, de esta manera, rindiendo claro homenaje a las aventuras de Mulder y Scully (hasta en sus títulos de crédito), intercalando casos autoconclusivos con una mitología de fondo que se va desarrollando poco a poco, y en la que cuentan los experimentos pasados de Walter y de su amigo William Bell, unos misteriosos personajes trajeados que aparecen en los lugares más insospechados (los Observadores) y las infancias tanto de Peter como de Olivia. "Fringe" necesita la primera mitad de su primera temporada para ir asentando a sus protagonistas y la historia que quiere contar, y acaba esa tanda inicial de capítulos con uno de los giros más sorprendentes de las series recientes.

A partir de ahí, la serie da un salto adelante y ya no vuelve a mirar atrás. Se atreve a hacer pequeños experimentos con sus capítulos 19, a profundizar en las relaciones de algunos personajes de un modo que, al principio, no parecía posible, a dar importantes cambios en su trama en sus dos últimas temporadas y a dejar unos cliffhangers marca de la factoría Bad Robot (de cuyas series es "Alias" la que más influyó en "Fringe"). Para cuando llegamos al final, la serie se revela como la heredera de "Perdidos" con más cariño por sus personajes y con un misterio mejor construido y desarrollado, y con una gran voluntad por probar cosas nuevas y no estancarse. Merece la pena ya casi sólo por el placer de ver en acción a Walter Bishop y a su intérprete, John Noble, pero logra ser más que eso. Todavía se echa de menos su inventiva en televisión.
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