26 octubre 2006

La sombra de Mulder y Scully es alargada


No es que “Expediente X” inventara la dinamita, o la tensión sexual no resuelta entre sus protagonistas, pero dice mucho de ella que, trece años después de que se emitiera su episodio piloto y seis (creo) desde que terminó, su influencia todavía se note en algunas de las series nuevas en EE.UU. Quizás sea “Bones” la que más le debe (y, encima se emite también en FOX), y no tanto por sus casos (aquí les ganan algunos de “CSI”) como por sus protagonistas.
Tenemos al agente del FBI Seely Booth, que en el piloto da imagen de serio y profesional y del que descubrimos que fue francotirador en el ejército. Y luego está la antropóloga Temperance Brennan, un cerebro verdaderamente brillante pero con serior problemas para expresar sus emociones y manejarse con el resto de la gente. Desde el primer capítulo se nota cierto feeling entre los dos, además del que da más juego, esa atracción sutil pero evidente a la que ayuda la evidente química entre David Boreanaz, que parece que consigue desencasillarse de “Ángel”, y Emily Deschanel. La relación de estos dos se presenta de la manera más explícita, cuando Booth le pide a Brennan, o Bones, que colabore más estrechamente con él en los casos y le llega a decir que serán como Mulder y Scully.
Ahí está el quid que puede diferenciar “Bones” de las demás series tipo “CSI”, porque el resto (un equipo humano peculiar pero efectivo y un uso avanzado de la tecnología) ya lo tenemos muy visto. Pero la tensión entre Booth y Brennan puede deparar unas buenas dosis de entretenimiento. La única lástima es que los jueves por la noche ya veo “Médium” y tendré que hacer algunas filigranas para grabar “Sin rastro” y “Bones” sin cortar algunos minutos. Tendré que estudiarlo.
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