17 diciembre 2006

¿Qué haces tú aquí?

Ese adorable abuelito que aparece junto a Dirk Benedict en un capítulo de "Galáctica" es un veteranísimo actor que se hizo famoso gracias a sus dotes de bailarín en los años 30 y a las películas que protagonizó junto a una actriz que, algunos años más tarde, ganaría un Oscar. En todas aquellas películas, la trama era bastante insulsa y pastelosa, pero los números musicales eran deslumbrantes. Os dejo con la intriga hasta el final de esta entrada, a ver si averiguáis quién es (Pista: En ese capítulo de "Galáctica" hacía de Chameleon, el padre desaparecido de Starbuck).
El caso es que esta mañana, después de pillar el final de ese episodio, he terminado viendo uno de esos placeres culpables que hacía tiempo que no veía, "Embrujadas", donde, por cierto, he visto a Zachary Quinto (Sylar en "Heroes") haciendo de demonio. Las Halliwell son un placer culpable invernal, de los que tenía pendiente desde que hablé de los veraniegos, y de los que se suelen ver las tardes aburridas de los fines de semana, especialmente los domingos, y en alguna madrugada insomne. "Embrujadas" siempre me pareció un galimatías malillo que, sin embargo, atrapa. Y las risas que garantiza gracias a la obsesión por vestir a sus protagonistas de busconas buenorras siempre son de agradecer, sobre todo a Alyssa Milano, que debe ser de las más googleadas en Internet. Eso sí, confieso que la música de sus créditos no está mal.
Hubo una temporada en la que Telecinco era un filón para estas series. "Cazatesoros" era una de éstas; una copia de las historias de Indiana Jones bastante cutre, la verdad. Pero el genuino placer culpable de esta cadena era "Nikita", que sólo tuvo 96 capítulos pero que consiguió dejar un notable impacto entre los frikis. ¿Sería culpable de eso Peta Wilson? Porque el cara-cartón de Roy Dupuis... Lo dudo, si bien tenía su grupo de fans. Lo mejor de esta serie era la promoción que le hacía Telecinco, utilizando de fondo la canción "Ella es demoledora", a la altura de las míticas promociones de "Walker, Texas Ranger" con "hey, baby, qué pasó".
La lista de series malas que uno puede ver por aburrimiento es sonrojante por momentos. "Sabrina", por ejemplo, de la que lo único que se puede salvar es a las tías (una de ellas, Beth Broderick, ha hecho de la madre de Kate en "Perdidos"). O "JAG, alerta roja", terrible se la mire por donde la mire. De todos modos, la única cuya sola mención me provoca escalofríos es "Rex". Cualquier serie policíaca alemana o austríaca comprada por nuestras televisiones es una caspa, sin discusión. Además de "Rex", "El payaso" y "Alerta Cobra" son otros buenos ejemplos.
Pero ya está bien de toda esta cantinela. Como dicen en "Humor amarillo"... ¡Al turrón! Éste es el abuelito de "Galáctica" en sus años de esplendor.

Efectivamente, es Fred Astaire, un bailarín con mucho swing que, sin embargo, dejaba bastante que desear como actor, y que triunfó gracias a que el estudio que produjo sus primeros éxitos, RKO, lo emparejó con una actriz con una notable vis cómica que no sabía bailar, pero cuya intuición y habilidad le permitían no sólo dar el pego, sino perdurar en la imaginación del público como la mejor pareja de baile de Astaire, aunque éste trabajara después con bailarinas mucho mejores.
El bailarín de las piernas largas y Ginger Rogers trabajaron juntos en siete películas, desde la primera, "Volando a Río Janeiro", hasta la última, "Amanda". En ellas, ni los diálogos ni la trama eran para tirar cohetes, siendo comedias románticas de lo más convencionales, y eran los números musicales los que merecían la pena, un poco como pasa con las películas de los hermanos Marx, cuyos argumentos eran sosos a más no poder, contrastando con las locuras y barrabasadas de Groucho y compañía.
La imagen corresponde, si la memoria no me falla, a "Sombrero de copa" y su número final, en el que Astaire y Rogers bailan "Cheek to cheek", un número en el que Rogers llevaba un vestido con plumas que se soltaban cada dos por tres y entorpecían el baile. Sin embargo, la cima de los bailes de Astaire es esta famosa escena en "Bodas reales", dirigida por Stanley Donen, por la que se comprende que gente como Nureyev lo considerara un maestro. De todos modo, la mejor definición del éxito de la pareja Astaire-Rogers la dio Katharine Hepburn: "Él le da clase, y ella le da sexo".
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