18 septiembre 2007

Laca a gó-gó

En 1988, la carrera underground de John Waters empezaría a salir a la superficie con "Hairspray", protagonizada por aquel/la mítico/a Divine. Fue un gran éxito y, teniendo en cuenta que su protagonista es una chica gordita que quiere bailar en un programa de la tele, no era raro que, con la ola de películas que pasan a Broadway convertidas en musicales, ésta no lo hiciera también. Además, su paso por las tablas fue un vendaval de éxito, con lo que su traslado al cine estaba garantizado.


La película está a cargo del director Adam Shankman, conocido también por su labor de coreógrafo (trabajó en el capítulo musical de "Buffy", por ejemplo), y que hasta ahora había dirigido cosas como "Doce fuera de casa", lo que no invita demasiado al optimismo. Sin embargo, esta "Hairspray" cumple, por lo menos, con la regla de hacerte pasar un rato entretenido, que es a lo más que aspira la cinta. Por lo menos, transpira una energía y un optimismo contagiosos y las canciones son muy pegadizas, por lo que le podemos perdonar ese intento fallido de crítica social a cuenta de la segregación racial de los 60 (mucho hueso para este perro).

La principal fuente de esa energía es la debutante Nikki Blonsky, y junto a ella tenemos a una Michelle Pfeiffer que vuelve a cantar después de "Los fabulosos Baker Boys" (y que es una mala realmente en su papel) y un John Travolta que está simpático retomando el papel de Divine como Edna Turnblad, la oronda madre de la protagonista. Además, así puede marcarse un baile al final de la película.

Yo llevo dos días con la canción que abre el musical rondándome la cabeza, para que os hagáis una idea de lo pegadiza qué es. Además, resulta que es algo así como un clásico de los musicales modernos, y si no, ahí está el homenaje que le hacen en "Ugly Betty".
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