17 septiembre 2007

Una despedida agridulce para Tony

Desde que se anunciaron las nominaciones, se sabía que los Emmy iban a ser una celebración y una despedida cariñosa para una de las series más influyentes de los últimos años, "Los Soprano", y la entrega final de premios siguió, más o menos, el guión preestablecido (los ganadores podéis verlos aquí). Las criaturas de David Chase ganaron como mejor serie, mejor guión y mejor dirección de drama, pero la felicidad no puede ser nunca completa, y todos sus actores nominados se fueron a casa con las manos vacías. En el caso de James Gandolfini, sufrió un verdadero atraco a mano armada al perder en favor de un James Spader que parecía Lee Adama al principio de la tercera temporada de "Galáctica" (el propio Spader reconoció sentirse como si le hubiera "robado una bolsa de dinero a la Mafia"). Edie Falco perdió en buena lid con Sally Field, que nunca ha sido santo de mi devoción, pero que he de reconocer que su Nora Walker es una de mis favoritas en "Cinco hermanos". La otra es Sara, o lo que es lo mismo, Rachel Griffiths, que compartió el destino de Lorraine Bracco en las secundarias dramáticas y tuvo que ver a Katherine Heigl llevándose el Emmy por "Anatomía de Grey" (otra que tampoco se lo creía).

Las victorias de Spader y Heigl y la reedición del Emmy al mejor secundario de comedia para Jeremy Piven ("El séquito") han sido las mayores decepciones de estos premios. En el caso de Piven, porque habría estado bien que dejara entrar algo de aire fresco en la persona de Neil Patrick Harris. Precisamente, eso es lo que pasó al premiar a "30 Rock" como la mejor comedia. Además, el premio puede ser lo que la serie necesita para que, a nivel de audiencias, su segunda temporada sea algo más plácida que la primera. Lástima que Alec Baldwin se viera sorprendido por un Ricky Gervais que en "Extras" está muy bien, pero con cuya victoria no contaba ni él mismo. Ni siquiera fue a la gala.

Por lo demás, por fin Terry O'Quinn (y su camisa fucsia) hizo valer el peso de sus sólidas interpretaciones en "Perdidos" y le dio una alegría a una serie muy necesitada de ellas en cuanto a reconocimientos (si llega a perder ante William Shatner, sería para que Ben sometiera a la academia a una de sus sesiones de chantaje emocional y tortura psicológica). No comento nada de America Ferrera porque se veía venir (y como decían en "Aquí no hay quien viva", qué mona viene esta chica siempre. Sin cachondeos), y lo mismo pasa con Helen Mirren, que sigue abonada a los premios, en este caso por poner en pie un personaje tan complicado como Jane Tennyson en el desenlace de "Principal sospechoso".

La Mirren, a todo esto, demostró una clase y un poderío a sus 62 años, que ya lo querrían para sí algunas jovencitas de Hollywood. Si nos metemos en el terreno frívolo de los trapitos, tenemos a una espectacular Kate Walsh presentando con Jimmy Smits; a la peculiar pareja Hugh Laurie-Felicity Huffman; a dos damas estupendas, Sally Field y Helen Mirren (que tiene un curioso tatuaje en una mano); el poderío madurito de Kyra Sedgwick, Glenn Close y Mary Louise Parker; un Al Gore que, a este paso, va a poder tapar él solo el agujero de la capa de ozono; la mirada totalmente Barney que Neil Patrick Harris le lanza a Hayden Panettiere (menos mal que no le van las mujeres); una Jennifer "Marilyn" Morrison ; a Ellen Pompeo como si hubiera sido ella, y no una impresionante Michelle Pfeiffer, la mala de "Hairspray"; y, aunque no he podido conseguir foto, parece que el cotilleo de la gala fue intentar averiguar si Milo Ventimiglia y Hayden Panettiere están saliendo (bueno, tengo una, pero no aclara nada). Aquí podéis leer algo más sobre la gala en sí.
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