19 septiembre 2007

Policías de la vieja escuela

Con el éxito de "CSI", las series policíacas, que habían empezado a centrarse en los diversos procedimientos para investigar un crimen a raíz de "Ley y orden", abrazaron entusiasmadas la jerga técnica y los efectos especiales asociados a los rastros de ADN, la extracción de huellas dactilares de los sitios más insospechados y la localización al milímetro de un sospechoso siguiendo la señal de su teléfono móvil, encendido, pero sin estar en uso. El resultado es que la parte fundamental de estas series, que siempre fue la resolución del rompecabezas mediante las pruebas y, sobre todo, los testimonios de los implicados, se diluye y termina perdiéndose. Lo mejor es ver cómo se desenvuelven los testigos y los sospechosos, cómo reaccionan al verse envueltos en una investigación criminal, cómo juegan con los policías en las respuestas a sus preguntas... Con Horatio, por ejemplo, esto dura 5 minutos, y los otros 35 se dedica a quitarse las gafas y pegar tiros por medio Miami.

Últimamente, sin embargo, se está volviendo más al trabajo policial a la antigua usanza, o a mí me lo parece: pateándose las calles para buscar testigos, interrogando a los sospechosos y revisando papeleo. Así resuelven los casos en "The Closer", aunque ahí tiene mucha importancia lo que Brenda obtiene en los interrogatorios; también funcionan de ese modo los policías de su "hermana mayor", "Principal sospechoso", espoleados por el sentido de la justicia de la superintendent Tennyson; la vieja escuela es la única que conocen en la comisaría de Manchester de "Life on Mars" y parece que dos de las series nuevas de este otoño, "K-Ville" y "Life", se decantan por esta vertiente.

La que a mí me parece que destaca más, sobre todo por comparación con la franquicia de "CSI", es "Caso abierto", producida también por Jerry Bruckheimer, pero que no podría ser más diferente. O tal vez a mí me lo parece porque no la veo muy de seguido y, cuando lo hago, esas diferencias me llaman más la atención. Para empezar, trabajan en la poco glamourosa Filadelfia y, exceptuando a Lilly Rush y Scottie Valens, responden al prototipo físico del policía cansado de gastar suela yendo de puerta en puerta y que se conoce los viejos archivos de la comisaría como la palma de su mano. Los mejores capítulos son, a mi juicio, los que se centran en crímenes bastante antiguos, de más de 30 años atrás. El peso del pasado es mucho mayor en los testigos y, no sé cómo se las arreglan, pero casi siempre las resolución de esos crímenes termina siendo triste, aunque se detenga al culpable. Queda la sensación de que, para todos los implicados, la tragedia es no poder viajar atrás en el tiempo y tener que vivir con la culpa de las cosas que se podrían haber hecho de otra manera.
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