07 diciembre 2007

La brújula de la verdad

Todo gran estreno que los estudios publiciten como "la película del año" vendrá con su dosis de polémica, casi siempre por parte de grupos de gente que no tienen nada mejor que hacer que buscar cosas con las que indignarse. Este año, el estreno con polémica (estúpida, a mi parecer. A ver qué dicen cuando lleguen las siguientes películas) es "La brújula dorada", la adaptación al cine de "Luces del norte", el primer volumen de la trilogía de "La materia oscura", de Philip Pullman. Esta trilogía empezó a publicarse en el Reino Unido en 1995, dos años antes de que "Harry Potter y la piedra filosofal" llegara a las librerías, y su éxito allí fue rotundo. Pullman estudió Literatura Inglesa en Oxford y, muy al estilo de J.R.R. Tolkien, escribe literatura más o menos fantástica con multitud de referencias y alegorías de nuestro propio mundo. Su trilogía más famosa tiene ecos de "El paraíso perdido", de John Milton, las ilustraciones de William Blake y algunas obras del poeta romántico alemán Heinrich von Kleist.

La trilogía de Lyra y Will, al que conocemos más adelante, destacó enseguida por sus constantes referencias y críticas a la religión, la filosofía, la metafísica, la ética y la moral, presentando un universo lleno de mundos paralelos en el que sus protagonistas deben completar el consabido viaje iniciático, mucho más doloroso de lo que suele ser habitual en este tipo de libros. Son, precisamente, sus críticas a la religión institucionalizada (cristalizadas en el Magisterio todopoderoso del mundo de Lyra) las que han desatado la polémica alrededor de la película de "La brújula dorada", con asociaciones católicas pidiendo a los padres que no lleven a sus hijos a ver la cinta por ser "pro-ateísmo". Curioso, porque no vi a ninguna asociación pidiendo algo parecido con "Las crónicas de Narnia", que tiene unas evidentes connotaciones cristianas.

La controversia, por supuesto, llevará a mucha más gente al cine, y es uno de las temas más espinosos con los que deben lidiar las películas. El dilema de sus responsables es el mismo al que se enfrentaron los hermanos Wachowski al adaptar "V de Vendetta". ¿Cuánta subversión puede añadirse a la receta para que sea un blockbuster blanco y políticamente correcto de los que gustan a los estudios, y sin traicionar el espíritu de la obra original? Yo creo que la película terminó siendo bastante anarquista, incluso suavizando el tema con la historia de amor entre V y Evey; por lo menos, mucho más anarquista y subversiva de lo que son las cintas de los grandes estudios, lo que tampoco es muy difícil. "La brújula dorada" tiene que adaptar una historia que no deja en buen lugar a las Iglesias de cualquier religión para triunfar en un país tan sensible a la cuestión religiosa como EE.UU.

P.D.: La brújula dorada del título es, en realidad, un aletiómetro que no indica el Norte, sino la verdad.
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