19 diciembre 2007

Un caso de Sierra y Aldrún

Decidido. Los guardias civiles de "Desaparecida" han sido lo mejor que nos ha dejado la ficción televisiva española este año. Y con el permiso de "Gominolas", me ha sorprendido que este drama de intriga haya sido el que, quizás, ha dividido más radicalmente a la blogosfera teléfila. Hay quien la ha considerado aburrida y oportunista (por eso de que su estreno coincidiera en parte con el caso Maddie McCann) y quien la ha visto como una producción sólida. Por mi parte, a mí no me hace falta mucho para engancharme a una serie, y si las excentricidades de Charlie Crews han sido suficientes para que vea "Life" y el sentido del humor de Grissom me hará seguir con "CSI" ad infinitum, el teniente Sierra y la sargento Aldrún han sido la principal motivación para que viera hasta el final una serie española (lo que hace años que no hago).

"Desaparecida" empezó centrándose más en la familia de Patricia Marcos, en mostrarnos cómo iba descomponiéndose a medida que cada miembro asumía de diferente manera la nueva situación y los secretos que la investigación sacaba a la luz. Según dicha investigación avanzaba, los dos guardias civiles fueron ganando más protagonismo, y el retrato serio y profesional que se hace de ellos en los primeros episodios va completándose con pequeñas pinceladas que nos hablan algo más de sus vidas y de la relación laboral que mantienen. Esas breves escenas en las que simplemente están tomando café, u observando a un detenido a través del cristal de la sala de interrogatorios, nos cuentan más de la confianza y la dinámica de equipo existente entre ellos que cualquier diálogo explicativo (incluso la típica salida de la hija adolescente de Sierra, preguntándole a la sargento si ella y su padre estaban liados, se trata de la misma forma).

Creo que, además, Sierra y Aldrún me han enganchado porque con ellos tengo un déjà vu enorme hacia la pareja de guardias civiles creada por Lorenzo Silva, el sargento Bevilacqua y la cabo Chamorro y, muchas veces, al ver la serie me parecía estar leyendo uno de sus libros por la manera en que se muestra cómo la investigación del crimen airea todos nuestros secretos, los expone al escrutinio de todo el mundo y nos muestra una cara de nuestros seres queridos que desconocíamos y que, honestamente, tampoco queríamos conocer (Patricia Marcos tenía más esqueletos en el armario que los de una clase de Anatomía). También nos muestra cómo, aunque intentan guardar las distancias, el caso termina afectando a Sierra y Aldrún porque, al fin y al cabo, también son personas.

¿Y la resolución del caso? Quedan tres capítulos que me despistan, porque han abierto otro frente un poco extraño, pero se puede decir que nos marcan un gol al estilo de "Diez negritos", o gol relativo... El ritmo pausado y tranquilo de la serie ha ido dejándonos caer pistas, detalles que terminaban siendo cruciales, dando tiempo para que su importancia fuera "madurando" sola. Eso sí, si cada episodio durara 20 minutos menos, estaríamos ante algo muy serio.
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