03 diciembre 2007

Los verdaderos fantasmas

"Medium" nunca ha sido una serie que recibiera demasiada atención por parte de la prensa, ni para bien ni para mal. El Emmy a la mejor actriz dramática que Patricia Arquette ganó, por sorpresa, por la primera temporada hizo que tuviera más visibilidad momentáneamente, pero no pasó de ahí. Que su protagonista tenga sueños con muertos tal vez aparte al público más "elitista", pero no se puede negar que se esfuerza por presentar historias vistas mil veces desde otros puntos de vista, y que tiene un tono realista y familiar que la diferencia de ese engendro de "Entre fantasmas".

La tercera temporada, que finalizó ayer en "Cuatro", ha tomado un derrotero más serio según transcurrían los capítulos. La familia de Allison ha estado varias veces en peligro de descomponerse, y ella, casi por primera vez, ha tenido sueños relacionados con su futuro que la ponían a prueba, como los capítulos en los que "ve" a su hija pequeña morir de leucemia y a su marido envuelto en una toma de rehenes. Precisamente ese episodio marca el tono del final, un tono en el que los fantasmas que Allison no ve, y no puede controlar, terminan apresando a la familia DuBois. Las intrigas políticas y los tejemanejes empresariales los sorprenden justo en el medio, y acaban siendo daños colaterales de esas fantasmales operaciones al más alto nivel.

Siempre hemos sabido que Allison tiene dudas sobre lo que significan sus sueños, sobre su interpretación y sobre la utilidad que les puede dar, y en esta temporada hemos visto, además, un aspecto de su adolescencia que se nos había apuntado sin llegar a desarrollarse. Aquel capítulo, con la gran Peri Gilpin como su madre, enseña a Allison los riesgos y el dolor que esas visiones acarrean, dolor que su madre y, más tarde, su hermano ahogan en las neblinas del alcohol. Ella opta por afrontar sus sueños como buenamente puede. Lo mismo que hacemos todos.
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