11 agosto 2011

¿Cómo lo haría Lubitsch?

Sobre la puerta de su despacho, Billy Wilder tenía un cartel colgado que rezaba "¿Cómo lo haría Lubitsch?". Cada vez que se encontraba con un problema mientras escribía el guión de su siguiente película, miraba el cartel y pensaba en el famoso "toque" del director alemán, uno de los mejores directores de comedias de la historia del cine, para el que Wilder escribió el libreto de la imprescindible "Ninotchka" (que perdió el Oscar frente a "Lo que el viento se llevó"). Aquel "toque" se utilizaba para intentar explicar cómo eran las cintas de Lubitsch, cómo los fueras de campo, los diálogos con doble sentido y la fluidez de la narración confluían para lograr cosas como "Ser o no ser", la que está considerada por muchos su obra maestra, una película que tiene un chiste que se prepara en las primeras escenas y no se resuelve hasta la última, y que contiene una sátira contra el nazismo sorprendente si tenemos en cuenta que es de 1942 (en aquella época, se llevaban más las películas bélicas más abiertamente propagandísticas, y también hay que tener en cuenta que los aliados no descubrieron el primer campo de exterminio hasta casi el final de la Segunda Guerra Mundial, aproximadamente).

El argumento entrelaza una historia de espías con un triángulo amoroso propio de las comedias románticas, ambientándolo en una compañía de teatro de Varsovia que representa "Hamlet" al mismo tiempo que prepara una obra que se ríe del régimen nazi, justo antes de que éste invada Polonia. Todos los elementos que se ven en ese inicio van a tener su importancia más adelante, desde las flores que recibe en su camerino la actriz María Tura, a los uniformes alemanes de atrezzo, a la obsesión de uno de los actores por interpretar algún día a Shylock, el usurero judío de "El mercader de Venecia", y su famoso monólogo (lo que ya nos indica claramente que el actor es judío sin que se haga explícito nunca). Lubitsch siempre tiene unas cuantas bolas en el aire, pero nunca deja que ninguna se caiga. La película siempre está en movimiento con mucha elegancia, a la que contribuye una pareja protagonista igualmente elegante y certera con sus diálogos, como Jack Benny y Carole Lombard.

"Ser o no ser" son 99 minutos de "toque Lubitsch" siempre cerca de la perfección, con gags muy inspirados y un demoledor retrato de los oficiales nazis. Si Chaplin los llamaba "máquinas" en "El gran dictador", aquí son cortitos mentalmente y fáciles de engañar. Y ver esta película en pantalla grande es siempre una interesante experiencia. El cine Verdi en Madrid está reestrenando muchos clásicos este verano, desde "El padrino" a los spaghetti western de Sergio Leone, y permite que nos acerquemos a esas cintas del mismo modo en que fueron concebidas; para verse en una pantalla de cine y en una sala a oscuras, rodeados de más gente.
Publicar un comentario en la entrada