14 julio 2012

La experiencia de Comic-Con

El tercer fin de semana de julio, el centro de convenciones de San Diego se convierte en la capital de los frikis gracias a Comic-Con, la reunión anual de todas las cosas consideradas "de género" en la que se venden y se compran cómics pero, principalmente, en la que se presentan todos los grandes taquillazos, relacionados con la ciencia ficción, la fantasía y los superhéroes, del próximo año de los grandes estudios, y en la que las series de televisión con el seguimiento más apasionado acuden al encuentro de sus fans.

Todos los relacionados con la convención afirman siempre que cada año se hace más grande, que cuesta más conseguir hoteles y entradas, que el aspecto promocional ha invadido en demasía el espacio que antes ocupaban los autores y los fans de cómics y que, como explica Kevin Smith en un documental de Morgan Spurlock, es como si se mezclaran y concentraran los festivales de Cannes y Sundance juntos. Ese documental es "Comic-Con. Episode IV: A fan's hope", grabado durante la convención de 2010, y que aspira a mostrar cómo es la experiencia de ir cada julio al centro de convenciones de San Diego. Porque a pesar de todas esas críticas, Comic-Con sigue siendo un lugar al que los geeks van para disfrutar durante cuatro días de la compañía de otras fans como ellos, de obsesionados con "Star Trek", o con el anime, o con el coleccionismo de juguetes. Y también es el lugar donde algunos van en busca de una oportunidad profesional.

Spurlock organiza la película alrededor, principalmente, de cuatro de esos asistentes; dos dibujantes aficionados que esperan que alguna editorial se interesa por su trabajo, una pareja de novios que se conoció en la Comic-Con del año anterior, una fan del videojuego "Mass Effect" que quiere participar en el concurso de disfraces y el dueño de una tienda de cómics, que lleva más de 30 años yendo a San Diego y que ha visto de primera mano la transformación y masificación del evento. Intercaladas con declaraciones de gente como Kevin Smith, Joss Whedon, Stan Lee o Grant Morrison, las historias de todas ellos nos muestran la cara que se ve menos en los grandes medios de la convención. En lugar de ver los paneles de las películas y las series, vemos el día a día de los vendedores de cómics, que ven cómo su negocio se queda más en los márgenes en favor del merchandising, el de los artistas que se recorren las cabinas donde las editoriales revisan portfolios, y también el de los fans de a pie, que están a las seis de la mañana ya haciendo cola en la puerta del salón H y que se tiran allí dentro toda la mañana, soportando paneles de cosas que no les interesan, para ver, por ejemplo, a Kevin Smith.

El resultado es un documental que acerca un poco lo que representa este evento para sus participantes. Algunos quieren encontrar una vía de entrada profesional a un mundo que les apasiona; otros sólo quieren vivir al máximo su afición por un videojuego, un cómic, o una película; para otros es parte de su negocio... Spurlock va contando cada una de las historias con unas cortinillas de viñetas de tebeo bastante simpáticas, y consigue algunos momento divertidos y otros hasta con cierta emoción. Si alguna vez has querido asistir a Comic-Con, la película te ofrece un vistazo a cómo es, aunque no puede abarcar la enormidad de eventos y actos que tienen lugar allí entre el jueves y el domingo. Captura lo que significa para los fans, para los que no paran de repetirnos que está hecho todo. Y a veces, cuando se ven los vídeos del final del panel que celebraba el décimo aniversario de "Firefly", hasta es fácil creerlo.
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