24 julio 2012

El Doctor de Russell

La evolución y el cambio es algo inherente a "Doctor Who". El truco de que su personaje principal se regenerara periódicamente en otro cuerpo facilitaba el cambio de actores cuando llegaba la hora de que éstos se marcharan y también ayudaba a que hubiera renovación entre los encargados de poner en pie la serie detrás de las cámaras. Desde la encarnación moderna de 2005, los espectadores hemos sido testigos de uno de esos cambios, en el que Russell T. Davies dejaba de ser el productor ejecutivo de la serie y el puesto lo ocupaba Steven Moffat, acarreando al mismo tiempo la sustitución del anterior Doctor, David Tennant, por el actual, Matt Smith. Davies tuvo la difícil tarea de volver a poner en marcha una institución como "Doctor Who" después de casi 20 años fuera de antena, y siguió supervisándola durante cuatro temporadas. Moffat lleva ya dos como jefe supremo, y es bastante más sencillo ver en qué aspectos la serie es diferente bajo uno y otro.

Pero discernir esas diferencias, y hasta discutir si la serie era mejor o peor entonces o ahora, no interesa aquí. Davies y Moffat le aportan sus propios intereses y sensibilidades, y el Doctor evoluciona en consecuencia. Lo interesante es ver cómo la sucesión entre ambos guionistas coincidió con el momento en el que la popularidad de la serie explotó definitivamente a nivel internacional y, muy especialmente, en Estados Unidos, donde pasó de verse en Syfy a hacerlo en BBC America, y a tener una mayor presencia en lugares como Comic-Con. Más periodistas de entretenimiento comenzaron a seguirla y a escribir sobre ella, y aunque ese mayor éxito empezó a verse en la cuarta temporada (la última de la era Davies), fueron la quinta y la sexta las que terminaron de cimentarlo. El resultado es que da la sensación de que, de algún modo, se hace de menos la época de Davies frente a la de Moffat, que se ve como cool e inventiva y más digna de elogio.

Como decíamos antes, es evidente que la "Doctor Who" de uno y otro era distinta. A Davies le iba más pensar a lo grande y su Doctor a veces era más corazón que cabeza. O igual deberíamos decir que, como han apuntado en algún blog cuyo título ahora no recuerdo, las acompañantes aportaban esa mayor conexión emocional y, al tratarlas más como iguales ante el Doctor, ese aspecto ganaba más peso. Moffat, por su parte, tiene gran querencia por los misterios y los puzzles a largo plazo, y su Doctor es, mayoritariamente, más cerebral y en control de sus emociones, y Amy y Rory no cumplen tanto esa función de equilibrar sus tendencias a convertirse en un semidiós. Esto no quiere decir que una aproximación sea mejor que la otra, aunque está claro que cada uno tendrá sus preferencias, sino que simplemente son diferentes.

Desde luego, la era de Davies no merece ese desprecio de ponerla por debajo de la de Moffat. Las dos tienen sus aciertos y sus fallos, y el sentido de la aventura y la diversión que Nueve y Diez aportaron fueron decisivos para que "Doctor Who" sobreviviera a su estreno en 2005 y volviera a convertirse en un fenómeno pop, primero en el Reino Unido y luego en el resto del mundo. Yo he de confesar que, aunque bajo Moffat la serie me sigue gustando mucho, sí echo de menos esos toques de humor totalmente inesperado, con referencias pop realmente peculiares, que Davies se marcaba de vez en cuando. Sí, lo he enlazado muchas veces, pero aquella aparición especial de Raffaella Carrá en, por cierto, uno de los mejores y más tensos episodios de las cuatro primeras temporadas es uno de los mejores ejemplos de ese humor travieso. Y, en mi opinión, bajo el mando de Davies se vieron los dos episodios que mejor tratan sobre la naturaleza del Doctor vistos hasta ahora: "Human nature" y "Family of blood". Veremos qué nos tiene reservado Moffat para la temporada del 50º aniversario del estreno de la serie.

P.D.: A todo esto, curioseando por Tumblrs varios por ahí di con esta comparación entre las cuatro principales acompañantes y cuatro personajes femeninos muy famosos de la literatura. Es realmente curioso.
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