23 junio 2013

El laberinto de Will Graham

ALERTA SPOILERS: ¿Habéis visto el final de la primera temporada de "Hannibal"? ¿No? Entonces lo que sigue quizás no sea para vosotros.

Encontrar series con una visión tan definida y una idea tan clara de lo que quieren contar, y cómo quieren hacerlo, es bastante más complicado de lo que parece. Si tienen esa visión, a veces no consiguen mantenerla y hacerla evolucionart de forma coherente a lo largo de trece capítulos, y el interés y el cuidado puesto en su producción decaen desde el piloto, en el que siempre hay más presupuesto, más tiempo y más dedicación para presentar el mundo de la serie y convencer a la cadena ya a los espectadores de que ahí puede haber un programa interesante para seguir semana a semana. "Hannibal", sin embargo, ha conseguido sortear todos esos problemas con una primera entrega con una estética muy definida, que ayuda a transmitir la idea que Bryan Fuller quiere explorar; las consecuencias que tiene en alguien la exposición a la violencia extrema, ya sea sufriéndola de algún modo y estudiándola. Incluso aunque el doctor Lecter no hubiera estado jugando con él, Will Graham habría implosionado.

En "HitFix" tienen una entrevista muy interesante con Fuller en la que cuenta algunas de las razones para que estos capítulos inaugurales de "Hannibal" fueran así. Explica las cosas que han trasladado a la pantalla de los libros de Thomas Harris (como la espectacularidad de los asesinatos) y todos los guiños que han hecho a "El silencio de los corderos" (algunos tan sutiles como la mención de la doctora Du Maurier de que el paciente que la atacó se tragó su propia lengua), y también habla un poco sobre el esfuerzo por mostrar que todo acto violento tiene consecuencias, y que los actos tan brutales que Jack Crawford y Will investigan tienen que tener, a la fuerza, unas consecuencias mucho más profundas en ellos. Si, además, Lecter decide estudiarte, ayudarte de una manera muy retorcida a que encuentres a tu verdadero yo, las consecuencias pueden ser imprevistas. De hecho, durante el final de temporada, da la sensación de que Will hace algunas cosas con las que Hannibal no contaba. ¿O sí? Porque parte de lo que convierte a este psiquiatra caníbal en alguien interesante es que nunca sabes cuándo es sincero, y hasta qué punto.

Su relación con su psiquiatra, por ejemplo, está construida con insinuaciones y subtexto acechando por debajo de sus conversaciones sobre Will, o sobre la necesidad de Lecter de encontrar a otras personas con... "intereses" similares a los suyos. Lo que se deja entrever es que el doctor mató al atacante de Du Maurier (¿Fomentó el ataque? ¿Se le fue de las manos? ¿Lo mató porque le pareció grosero que atacara a la psiquiatra?), y que ella lo sabe todo sobre él. Esa mirada que cruzan cuando ella está a punto de probar su plato de ternera lechal es mucho más expresiva que cualquier monólogo, y parece reproducir parte de la relación entre Lecter y Clarice Starling en "Hannibal", la secuela de "El silencio de los corderos". Y en cuanto a Will, que ahora lo sepa también todo pero se vea en prisión, exactamente invirtiendo los roles del psiquiatra y la agente del FBI en la historia más célebre de Thomas Harris, va a darle un nuevo impulso a la segunda temporada, que da la sensación de que va a parecerse poco a la primera en lo que respecta a trama.

Desde luego, "Hannibal" ha sido una de las propuestas más diferentes que hemos visto esta temporada, y no sólo por su serialización o por girar alrededor de unos actos de violencia tan extrema, que resulta difícil aceptar que se emite en NBC, y no en Showtime. El tratamiento de sus personajes y, especialmente, su aspecto visual la han separado rápidamente del resto de la oferta de series en la televisión estadounidense, tanto en networks como en el cable. Fuller asegura que tiene un plan hasta, al menos, la cuarta temporada, y ya hemos visto que el nuevo modelo de negocio de NBC con esta serie (le cuesta mucho menos que otras porque la productora le vendió previamente al mercado internacional) puede permitirle llegar bastante más lejos de lo que sus audiencias harían suponer. Lecter va a seguir cocinando y cortando jamón ibérico un año más, por lo menos.

Música de la semana: En la selección musical de "Graceland" se intenta que se note también el escenario de las playas del sur de California. O eso, o el hecho de que todos sus personajes se ganan la vida mintiendo y teniendo muchos secretos. Una de las canciones elegidas por la serie se mueve entre los dos temas. Es "Slipping away", de un grupo indie de Seattle con el curioso nombre de Barcelona.
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