09 octubre 2013

Carrie contra Saul

ALERTA SPOILERS: Si no habéis llegado aún al segundo episodio de la tercera temporada de "Homeland", probablemente os acabéis destripando cosas que igual no queréis saber. O sí, allá vosotros.

"Homeland" no puede ser la misma serie que era antes del coche bomba que mata a casi 300 personas en el mismísimo cuartel general de la CIA. No puede serlo porque la propia agencia está en entredicho, investigada por un comité del Senado cuyo presidente está decidido a llegar hasta el fondo del asunto (y a convertirse en una estrella en el proceso), y porque los supervivientes del atentado están aturdidos, cuestionándose si merece la pena el trabajo que están realizando. No puede ser la misma serie desde el momento en el que Saul es ahora el nuevo director de la CIA, descubriendo que debe tomar decisiones difíciles que nunca ha querido tomar, y Carrie está completamente fuera de control, abandonando su medicación porque afirma que así puede pensar con más claridad y descubrir quién estuvo detrás de todo. Ella sabe que no fue Brody, pero intentar limpiar su nombre no es lo más popular (y tal vez ni siquiera lo más inteligente) que puede hacer.

Pero así ha sido siempre Carrie, asumiendo la responsabilidad por actos que cree que podría haber contribuido a evitar. Evidentemente, en la recta final de la segunda temporada estaba más bien distraída por su relación con Brody y el atentado fue un rudo despertar al mundo real, en el que ellos dos no pueden estar juntos, pero su reacción es, otra vez, muy típica de ella y muy dramática y paranoica. Opta por enrocarse en su posición de "estoy sola contra el mundo" y por tener la misma mano izquierda que un elefante en una cacharrería, así que no es nada extraño que una CIA en una posición muy debilitada la vea como un problema. Por muy duro que sea ver la traición de Saul (y lo es), en parte Carrie se la ha buscado. ¿Pero quiere esto decir que la relación de los dos ha quedado dañada irreversiblemente? ¿Puede Carrie ser otra vez de utilidad en lo que está claro que sabe hacer mejor? ¿O será la primera víctima expiatoria de la comisión de investigación del Senado?

Los dos se encuentran atrapados por la nueva situación, más Saul que Carrie, preso de un puesto que nunca quiso y que ahora tiene que cumplir, llevando consigo toda esa rabia que le lleva a soltarle una bronca enorme (e inmerecida) a la nueva analista financiera de la agencia, una joven novata, musulmana, y que lleva un pañuelo en la cabeza. Todos los personajes están frustrados y perdidos en este arranque de temporada en el que Brody aún está ausente, pero cuya sombra se deja sentir con fuerza. Sus actos, y sus intenciones, han llevado a todos los que tuvieron alguna vez contacto con él al borde mismo del abismo. Algunos, como Dana y Carrie, se despeñaron por él, pero la ex agente Mathison quizás aún pueda ser recuperada, como la misma Dana. Y la serie tiene que recomponer las piezas y las tramas. Lo que habíamos visto hasta el final de la segunda temporada terminó con el estallido de la bomba, y lo que ha empezado ahora necesita su tiempo para ponerse en marcha.

Lo que no ha cambiado es la tendencia de criticar sin descanso "Homeland" que empezó el año pasado. Si acumula giros de guión, si de repente se ralentiza para mostrar otras cosas, si le da más cancha a Dana, si se la da a Carrie... Nada de lo que la serie haga está bien, y a veces cuesta sortear semejante ruido y enfrentarse a cada episodio por lo que es, y no por lo que queremos que sea. En ese sentido, esta tercera temporada está sólo al inicio de un capítulo nuevo de su historia que, no obstante, es producto y evolución de todo lo que ha pasado hasta ahora, y aún no sabemos qué deparará la investigación de la financiación del atentado, o la huida de Brody, o el comité del Senado. Lo único que de momento parece claro es que Carrie ha tocado fondo y que esta vez no va a ser como al final de la primera temporada. Ella tiene que cambiar y ser más ciudadosa en sus investigaciones y en sus acusaciones públicas, porque la CIA no está para perdonarlas. Ahora todo es un juego político de apariencias, y Carrie tiene que aprender a moverse en él.
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