04 octubre 2013

Las chicas de Juárez

Cuando FX estaba desarrollando el remake de "Bron/Broen", tenían la idea de que la frontera en la que estuviera situado fuera la de Estados Unidos y Canadá, por aquello de que, geográfica y socialmente, se parece más a la de Suecia y Dinamarca en la que se centra la serie original. Sin embargo, los dos guionistas encargados de sacar adelante el proyecto, Elwood Reid y Meredith Stiehm, no lo veían tan claro. La frontera del norte no les parecía tan interesante y, de hecho, era realmente demasiado similar a "Bron/Broen", con lo que iba a repetirse el caso de "Forbrydelsen" y "The Killing". El lugar que sí les atraía, y en el que sí estaban dispuestos a hacer la serie, era la frontera del sur, la del Río Grande entre Estados Unidos y México. Es un lugar del que ya se puede sacar mucha chicha simplemente de los inmigrantes ilegales y las patrullas ciudadanas que los "cazan", o del tráfico de drogas de un lado a otro del río, pero además ofrece un asunto muy poco tratado hasta ahora por la ficción de ambos países; el de las chicas de Ciudad Juárez.

Como se ha visto en el final de la primera temporada de "The Bridge", eso es lo que realmente interesa a la serie, más que el asesino en serie al que tienen que perseguir Sonya y Marco y que es la adaptación del título escandinavo. Los dos últimos capítulos se dedican a situar las piezas de cara a una segunda entrega en la que parece que se va a abrir mucho más el objetivo y, libres de tener que contar la investigación de un único caso, Reid y Stiehm van a mostrarnos un panorama más amplio y complejo de la frontera y de las normas que rigen ese mundo tanto en Juárez como en El Paso. Aquí cobran más importancia personajes como el narco Fausto Galván (que es todo un descubrimiento), y se le ha dado una curiosa vuelta de tuerca a otros heredados de la ficción original, como el trabajador social Steven Linder. La corrupción de un lado y la indiferencia del otro jugarán, probablemente, importantes papeles en una segunda entrega en la que Stiehm ya comentó que querían que el feminicidio de Juárez fuera un poco como la droga en el Baltimore de "The Wire"; a través de su exploración, se va conociendo el funcionamiento de esas sociedades y cómo son esos lugares.

(A partir de aquí, habrá spoilers de la primera temporada de "The Bridge").

Con el caso ya resuelto (con los mismos defectos que en "Bron/Broen"), la serie de FX ha podido centrarse en lo que le interesa más y en lo que se le estaba dando mejor, que era el retrato de todos esos personajes que se mueven alrededor del Puente de las Américas. A Sonya y a Marco los hemos visto más que a los demás, por supuesto, pero ese descenso a los infiernos de él, con pacto con Galván incluido, puede dejarnos cosas muy interesantes. Y aunque la trama de Charlotte no está mal, son los dos periodistas de El Paso Times, y ese descubrimiento de millones de dólares en la casa de una ancianita centenaria, los que prometen más de cara a los nuevos capítulos, especialmente después de que la hermana de ella nunca regrese del trabajo en una maquiladora. Alternar entre la persecución de David Tate y las subtramas de Charlotte y Daniel Frye ha dejado una temporada con una organización un poco a saltos y extraña, en la que se notaba qué era lo que realmente interesaba a la serie y sobre lo que querían continuar hablando más adelante.

Estos primeros capítulos han resultado entretenidos e interesantes, incluso aunque al final no hayan sido sino un gran prólogo para las historias que quieren contar en la segunda temporada. Diane Kruger y Demián Bichir han proporcionado un centro de gravedad para "The Bridge" que ha funcionado muy bien (con un Ted Levine al que siempre dan ganas de ver más), y ahora sólo falta que llamen más la atención del público el próimo verano. Una serie que se descuelga con una versión mariachi de "Livin' on a prayer", de Bon Jovi, merece que se le dé una oportunidad (el grupo, por cierto, se llama Metalachi, y ya sabéis a qué se dedican, teniendo ese nombre).
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