30 octubre 2013

Una improbable serie de culto

La vida que puede tener una serie después de su final es impredecible. Las hay que terminan en medio de un gran ruido mediático y que se disuelven en el olvido tan pronto como acaban. Las hay que son canceladas pero cuya calidad las lleva a que un nuevo público las descubra más adelante, dándoles una segunda vida y una nueva apreciación que se les negó en su momento. Las hay que son saludadas como clásicos instantáneos en cuanto vemos su último fundido a negro final, y se mantienen de ese modo en el imaginario colectivo durante mucho tiempo. Y las hay que, en su momento, no despiertan demasiado entusiasmo (o ninguno), que acaban casi sin hacer ruido y sin que a nadie le sorprenda su breve duración y que, por extrañas circunstancias de la vida, empiezan a tener algo así como una vida propia posterior que puede terminar llevándolas a ser títulos de culto. Algo así parece estar empezando a pasar con "Smash", aquel drama musical de NBC que debería haber sido una de sus apuestas más fuertes para escalar posiciones en las audiencias, y que acabó siendo objeto de todo tipo de burlas y hate-watching variados.

No vamos a decir que "Smash" era buena, porque no lo era. Sí tuvo un buen piloto y detalles sueltos aquí y allá que apuntaban al potencial que tenía en su interior, pero nunca pareció haber nadie especialmente interesado en aprovecharlo de verdad en nada que no fuera la faceta musical (y ahí, sólo funcionaba realmente en un aspecto). Ni Theresa Rebeck (creadora), ni Josh Safran (showrunner durante la segunda temporada) supieron qué rumbo darle a la historia del montaje de un musical de Broadway sobre Marilyn Monroe, y cuando se encontró dicho rumbo, se quedó bastante a medias de todo (o se desvió de lo importante con distracciones como otro musical que no terminó de cuajar). Además, el hecho de ser una apuesta personal de Bob Greenblatt, jefe de NBC, llevó a que hubiera demasiados jefes opinando sobre los contenidos de la serie, lo que siempre lleva a problemas. no es de extrañar que la audiencia la fuera abandonando lentamente y que, para cuando regresó en la segunda temporada sin el paraguas de "The Voice", muchos decidieran, simplemente, ignorar su existencia.

Y a pesar de todo esto, da la sensación de lo que sí consiguió fue ser un placer culpable de los genuinos, de los que realmente te da vergüenza reconocer no sólo que los ves, sino que los disfrutas enormemente. Con el principio de la nueva temporada televisiva, además, han aparecido referencias a la serie en los sitios más insospechados, desde una en "30 Rock" todavía en la pasada campaña, a otra en "The Neighbors" o al uso de una de sus canciones en "So you think you can dance", y el remate es descubrir que "Hit List", el otro musical de la serie, va a tener una única representación, en versión concierto, en un conocido bar musical de Nueva York. ¿Quiere esto decir que "Smash" va camino de transformarse en una serie de culto? Desde luego, lo parece, incluso aunque sea un culto trash y un poco mamarracho en el que lo que se venera realmente son sus canciones originales, y no las tramas de sus personajes.

Pero como decimos, son cosas que no se pueden prever. Hay series que adquieren una vida propia que sus responsables no esperaban (a veces, quizás ni la deseaban) y para lo que sí ha servido "Smash" es para dar más visibilidad a algunos de sus actores. Si ignoramos piadosamente a Megan Hilty en "Sean saves the world", tenemos a "The good wife" reutilizando brevemente a Will Chase, Brian D'Arcy James y Christian Borle, al propio Chase dando el salto a "Nashville" (otra que puede seguir el mismo camino que "Smash" en muy poco tiempo) y a Krysta Rodríguez y Jeremy Jordan aprovechando para participar, una, en musicales de Broadway con Zachary Levi ("First date"), y el otro dando el salto a la adaptación de otro en cine, con Anna Kendrick ("The last five years"). Ya veremos si, dentro de un tiempo, es "Bombshell" el que acaba dando el salto a las tablas neoyorquinas.
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