23 octubre 2013

Las series de las 10

En más de una ocasión hemos comentado esa tendencia al snobismo que hay al hablar sobre cuáles son las mejores series en antena actualmente. Se tiende a elevar al cable a las alturas y a mirar a las networks por encima del hombro, y aunque es cierto que éstas han perdido ya el favor de los Emmy, y llevan unos años casi sin estrenar ningún drama nuevo realmente destacable, tampoco es del todo justo que se las desprecie de ese modo. Hay algunas series que sólo podrían hacerse en una cadena generalista en abierto (como "Sleepy Hollow", sin ir más lejos) y otras no tendrían sentido fuera del cable (como "Masters of Sex"), pero muchas de las que vemos ahora en un sitio y en otro podrían intercambiarse posiciones cambiando sólo algunos detalles. Evidentemente, unas están sujetas a las normas de los departamentos de Standards & Practices y de la Comisión Federal de Comunicaciones, y las otras difrutan de más libertad en ese aspecto, pero en su estructura básica, unas cuantas podrían irse tanto al cable básico como a las networks.

De hecho, da la sensación de que lo que ha pasado es justo lo contrario. Si descartamos el cable premium, que suele moverse por otros derroteros, el básico ha ido ganando cada vez más parcelas de audiencia (en verano, sobre todo) con tipos de serie que antes hacían habitualmente las generalistas. Cosas como "Rizzoli & Isles" o hasta "Graceland" eran la base sobre la que CBS o NBC construían sus parrillas (junto con las sitcom familiares), pero fueron aparcándolas quizás buscando la nueva "Perdidos", o intentado acercarse a esas series del cable que les robaban los Emmy que habían sido suyos hasta los 2000. El imparable descenso en la audiencia que las networks viven desde hace años (que se volvió más acusado desde la huelga de guionistas de 2007/08), y el fervor con el que se entregaron a los reality shows en las últimos casi quince años, las ha llevado a descartar en buena medida los dramas adultos, aquellos que se hacían para programarlos a las 22 de la noche y atrapar frente al televisor a los padres, una vez ya habían dejado a sus hijos pequeños durmiendo.

Sea por las razones que sea, esas series de las 10 fueron cayendo en el olvido conforme iban terminando cosas como "El abogado" (en 2004) o "Urgencias" (en 2009), y aquel infame experimento de NBC de entregar ese horario a Jay Leno de lunes a viernes durante media temporada pareció darles la puntilla definitiva. Ese tipo de dramas adultos acabaron relegados a la memoria de los espectadores, que fueron a buscarlos al cable (que, a su vez, ha asumido aquellas películas independientes que se hacían en los 90, mientras el cine independiente está haciendo las películas más para adultos que Hollywood solía rodar junto a sus taquillazos veraniegos), y ahora mismo, parece que la única representante de aquella estirpe perdida es "The good wife". Más de una vez hemos citado también las palabras de John Landgraf, presidente de FX, que The Guardian recogía de este modo hace ya un par de años: "'Lo que ha pasado es que... las networks ya no programan los dramas de las 22'. Landgraf estaba hablando más de un estado mental que de un horario; tradicionalmente, el drama de las 10 era el horario post-niños en el que había de todo, donde las series podían permitirse ser más experimentales, tomar algunos riesgos y contar historias sobre personajes grises que ni siempre tomaban las decisiones acertadas".

Cuando surgen tuits alabando "The good wife" y afirmando que es como una serie de cable, es inevitable tener sentimientos encontrados. Para los fans, leer esto es genial porque equivale a uno de los mayores elogios que se le pueden hacer ahora a cualquier serie, pero al mismo tiempo ejemplifica ese snobismo del que hablábamos al principio. "The good wife" no es una serie de cable, sino una serie de network de las 22 de la noche (aunque lleve ya un par de años a las 21). Casi puede decirse que es la última heredera de las "Canción triste de Hill Street", "Urgencias" y "El ala oeste de la Casa Blanca", dramas adultos que aprovechaban el horario para contar historias con implicaciones morales y éticas menos claras, protagonizadas por personajes complejos y que no eran de una pieza. Las networks ya hacían esas series antes de que el cable las llevara al siguiente estadio, pero han olvidado cómo hacerlas bien.
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