05 marzo 2014

El amor en los tiempos de Siri

Hace algo más de diez años, los críticos de cine se preguntaban si el personaje del marido fotógrafo de Scarlett Johansson en "Lost in translation" no era una especie de parodia, y puya, de Sofia Coppola al que entonces era aún su esposo, Spike Jonze. En aquella película, Giovanni Ribisi se dedicaba a recorrer todo Tokio con la modelo a la que tenía que fotografiar, dejando a su mujer sola y aburrida en el hotel. Es curioso guardar ese recuerdo de aquella película (por la que Coppola ganó el Oscar a mejor guión original) cuando se ve "Her", la cinta por la que Jonze se ha llevado, curiosamente, el Oscar a mejor guión original, y que a veces recuerda a "Lost in translation" en sus planos de esa ciudad futurista, mezcla de Los Ángeles y Shanghai. Sus protagonistas no son una chica joven recién casada y un actor de capa caída que está rodando un anuncio para el mercado japonés, sino un hombre normal y corriente que se encuentra solo, que está teniendo dificultad para asumir que su matrimonio se ha terminado y que se compra un nuevo sistema operativo con el que se relaciona a través de la voz.

Ese sistema operativo representa un enorme salto adelante porque está impulsado por una inteligencia artificial que no sólo permite una gestión mucho más eficaz de las tareas que se le asignen, sino que puede hablar con su usuario, interactuar con él hasta el punto de que ambos, máquina y humano, se hagan amigos, o que puedan incluso enamorarse, como le ocurre a Theodore con Samantha. Esa voz sin cuerpo que habla con él a cualquier ahora es su tabla de salvación en medio de su soledad de amplios ventanales, pisos diáfanos y videojuegos en una pantalla virtual digna de "Black Mirror", y lo que más destaca de "Her" es la delicadeza y la humanidad con la que nos muestra la evolución de la relación de Theodore con Samantha. Joaquin Phoenix lleva sin problema el peso de una película en la que se pasa gran parte del tiempo sosteniendo planos muy cercanos en los que no tiene nada más que hacer que escuchar, y Scarlett Johansson logra que, sólo escuchando su voz, nos imaginemos un personaje totalmente tridimensional y con personalidad. Su sistema operativo es más un Hal-9000 más equilibrado, y con mayor capacidad para aprender sutilezas, que una Siri, y el dúo que ambos forman sin verse es lo que sostiene "Her".

No es lo único que tiene, claro. Crea un futuro muy próximo en el que la tecnología está ya totalmente integrada en nuestras vidas, hasta el punto de que a nadie le parece raro que Theodore esté "saliendo" con Samantha, pero en el que seguimos siendo nosotros, con nuestras debilidades, defectos y virtudes, quienes tenemos la llave para acercarnos a otras personas, para fracasar en nuestras relaciones con ellas o para fomentar nuevas amistades. En ese aspecto, sí que tiene un punto de vista muy "Black Mirror", que está más interesada en la naturaleza humana que en los avances tecnológicos por sí solos, y también resultaría una sesión doble muy curiosa con "Olvídate de mí", aquella especie de historia de amor al revés de Michel Gondry en el que una pareja se sometía a un borrado de memoria parta intentar superar su ruptura, sólo para que viéramos que los sentimientos no pueden encajonarse tan fácilmente.

El retrato que "Her" hace de Theodore y Samantha no es diferente del que podría hacerse de una pareja "normal", como si dijéramos. Las emociones que despliegan no son virtuales ni un producto de algoritmos y programas informáticos; son reales, como real es la diferente evolución que uno y otro llevan. Como decían en Domingo de cine, esta historia de amor es universal, habla de todas las relaciones y de cómo sólo nosotros tenemos la clave para mejorar o empeorar nuestras vidas.
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