19 marzo 2014

El deber de un policía

Las series británicas de policías no suelen ser las que más atención reciben entre la blogosfera aficionada a la televisión (tampoco las de abogados, si tenemos en cuenta la poca repercusión que tuvo en los foros interneteriles "Law & Order UK" o la que tiene "Silk"). Se les presta más atención cuando tienen algún protagonista famoso, como pasó con David Tennant y "Broadchurch", o cuando se presentan con un envoltorio con ciertas ínfulas, tipo "The shadow line" o hasta "The fall", pero si dan la sensación de primeras de ser un policiaco sin más, no es raro que pasen desapercibidas. Algo así pasa con "Line of duty", una serie de BBC 2 que está a punto de acabar su segunda temporada y que es bastante más que otro título de detectives. Para empezar, que sus protagonistas  trabajen para AC-12 (lo que en una serie americana se llamaría Asuntos Internos), le da un toque original, y luego tenemos que esos mismos personajes están igual de enfangados en los secretos personales, la tentación de dejarse corromper y la burocracia que entorpece su trabajo que los detectives a los que investigan.

En estos nuevos capítulos, las dudas éticas, los principios morales que parecen inamovibles (y que los agentes se saltan si se refieren a algo personal) y la torpeza de unos mandos que sólo quieren salvar su puesto rondan a una Lindsey Denton que no sólo es el objetivo de esa investigación de AC-12, sino que presenta desde el principio un camino realmente interesante. Verse en el ojo del huracán la saca de la vida gris y a trompicones que ha llevado hasta ese momento, y la obliga a dar un paso adelante y a contraatacar. Pero al principio nunca está claro de si ella siempre fue culpable de lo que se le acusa, o si en realidad los agentes de AC-12, y la presión de los medios y los jefes, empujó a una mujer inocente a tomar un curso de acción que no habría seguido de otra manera. El retrato de Denton está siendo más interesante que el que se hizo en la primera temporada del "villano" de turno entonces, un Tony Gates que no terminaba de escapar del cliché del detective corrupto que se oculta bajo el reconocimiento que recibe de todo el departamento por sus resultados estelares.

El caso que Hastings, Flemming y Arnott tienen que desenredar esta vez es más complejo y, lo que es mejor, los enfrenta a sus propios secretos y "atajos" éticos. Buscan y denuncian en otros los "pecados" que ellos cometen en privado, con lo que tenemos una serie en la que ni siquiera los protagonistas terminan de ser los "buenos" de verdad. De hecho, en ese aspecto, Kate Flemming bien puede ser la más interesante de los tres porque buena parte de su trabajo consiste en trabajar como agente encubierto, añadiendo todavía más capas de secretos y mentiras a las que "Line of duty" ya maneja de manera habitual. Esos grises éticos y ese muro burocrático y de mediocridad de los jefes que acaba coartando la capacidad de los policías para cumplir con su deber son los temas que la serie maneja habitualmente, pero cuando hay personajes complejos e interesantes al frente, todo resulta más atrayente.

Aviso: Este blog va a estar un poco parado hasta el domingo porque ciertos deberes laborales me llevan lejos del ordenador. Si queréis pasar el rato, podéis probar también con los números musicales de La tele que canta o con las disertaciones junto a Crítico en serie en Yo disparé a JR.
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