27 mayo 2014

Jude Law, el gángster

Si eres un actor guapo, es raro que alguien vaya a pedirte algo más que lucir palmito. Entre las actrices es habitual que se subestime a aquellas que, además de talento, tengan belleza, y el único modo de que les presten atención los críticos y hasta los Oscar es que se afeen. Y en esa liga puede incluirse también a algún intérprete masculino, como Jude Law. Su aspecto físico es lo que lo encumbró hasta la cima de Hollywood, y verlo en cintas como "El talento de Mr. Ripley" puede hacernos olvidar que, además de guapo, Law es bastante buen actor. Pero, como comentábamos antes, necesita engordar, acentuar su calvicie y dar vida a un tipo tirando a despreciable para que se le reconozca el talento. Más o menos es lo que hace en "Dom Hemingway", una peculiar cinta dirigida por un director tambiénm bastante particular como Richard Shephard.

Su anterior filme fue "The Matador", y alterna el cine con la televisión, donde lo mismo es uno de los realizadores habituales de "Girls" que se encarga de los pilotos de "Ugly Betty", "Golden Boy" o, atentos, "Ringer". Shephard le entrega a Law un personaje totalmente excesivo, un gángster de poca monta en la línea de las comedias criminales británicas de los últimos años, pero que se cree legendario y casi indestructible. Sale de la cárcel esperando que el narcotraficante por el que cumplió condena le recompense por ello, pero nada sale como Dom tiene previsto, y no sólo porque tiene un concepto de sí mismo que no se corresponde con la realidad. Además, está también su hija, quien no quiere tener ningún trato con él, y Dom va dando tumbos entre sus delirios de grandeza en el hampa y sus intentos por recuperar su relación con ella.

"Dom Hemingway" es una película excesiva, que desde el monólogo muy teatral, y muy obsceno, que la abre ya está dejándonos muy claro por dónde va a ir. Tiene algunos momentos muy divertidos a costa, precisamente, de lo iluso que Dom es sobre su situación fuera de la cárcel y de un Richard E. Grant aún más peculiar que de costumbre. Pero su tono no la hace para todo el mundo, moviéndose a veces entre una especie de Guy Ritchie light y una historia de un hombre intentando retomar lo único realmente bueno que merece la pena de ella. Lo que sí está claro es que Law está realmente muy bien, impulsando a Dom de una enorme rabia porque cree que no se le da lo que se merece, y dando a sus frecuentes monólogos el punto justo de falta de contacto con la realidad para que puedan ser bastante divertidos. Y no hay término medio con él.
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