19 mayo 2014

La receta del season finale

La semana que viene, la televisión estadounidense ya habrá dejado atrás la temporada 2013/14 (el curso televisivo 2013/14, parafraseando a Andrés Montes). No sólo será el momento en el que entremos de lleno en las campañas para los Emmy, sino que también se aprovechará para hacer algunos recordatorios a lo que nos han dejado nueve meses de éxitos, fracasos, sorpresas y giros locos de guión en "Scandal". Además, publicaciones como Entertainment Weekly celebran una pequeña "entrega de premios" en la que se reconocen los mejores instantes de los finales de temporada de las series del otoño y la midseason. Los nominados los vota el público, encuadrados en categorías como mejor (presunta) muerte o marcha de la serie, mejor referencia pop, mejor momento serio en una comedia, gesto más idiota de un personaje inteligente, mejor uso de la música o momento más rebobinado. Como véis, lo que se busca es pasar un rato divertido, más que otra cosa, pero sí que es cierto que suele decirse que hay algo así como una check list de elementos que no deben faltar en un final de temporada que quiera preciarse de serlo.

La primera temporada de "Popular" se cachondeó de todos ellos en su cierre de la primera temporada, haciendo aparecer un tick en la pantalla si había una boda, un funeral, un momento musical, un tiroteo, un cliffhanger, un nacimiento... Siendo el capítulo que cierra la temporada, y el último que verán los espectadores durante meses, lo más habitual es que los guionistas quieran terminarlo a lo grande, culminando las tramas que se han ido viendo a lo largo de los anteriores episodios y, aunque en algunos aspectos se dé un cierto cierre, es muy común dejar algo sin resolver para que el público sienta la necesidad de volver después del verano, consumido por la intriga de ver qué quiere decir todo eso de "Hong Kong, dos años después" y cómo va a salir Sydney Bristow de ésta. Conseguir un buen season finale es todo un arte (uno que las series de Bad Robot, tipo "Alias", "Perdidos" y "Fringe", solían dominar); tiene que tener, más que un cliffhanger, impacto emocional, tiene que dejarnos con ganas de ver la siguiente entrega y, al mismo tiempo, resolver cuestiones. No es nada fácil, pero es muy satisfactorio si se consigue hacer bien.

"Veronica Mars", por ejemplo, era experta en atar cabos y solucionar misterios en 40 minutos que se pasaban como si fueran quince, y "Breaking Bad" tenía toda la temporada construida para dirigirse inexorablemente a un final que solía dejar a los fans impactados. Algunas series utilizan sus season finales para abrir líneas argumentales para los siguientes capítulos, algo que "Juego de tronos" emplea a menudo y que también hizo "The Bridge" en su primera temporada (ya comentamos que esa táctica era un poco la de "The Wire"), y otras directamente crean unos cliffhanger memorables (el de la segunda temporada de "Battlestar Galactica", sin ir más lejos). Pero hay que tener cuidado de no dejarse para el final demasiadas cosas, de no querer sorprender y alucinar al espectador acumulando golpes de efecto sin más, porque eso suelen ser castillos de arena con poco fundamento.

Y luego están series como "The Vampire Diaries", que hacen de los giros inesperados, las muertes (y las resurrecciones) por sorpresa su modo de vida. Sus últimos episodios tienden a ser imprevisibles (o tendían a serlo, no sé qué pensarán los fans a estas alturas), y parecen seguir la máxima que Shonda Rhimes tiene para todas sus series; no te reserves nada para más adelante.
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