24 junio 2014

La televisión lenta

En su crítica del arranque de la segunda temporada de "Rectify", The Hollywood Reporter apunta que la serie de SundanceTV es el exponente principal de una nueva tendencia televisiva llamada Slow TV. De modo similar a esas respuestas al frenético estilo de vida moderno que son el slow living o el slow food, las series también han reaccionado a la necesidad de presentar al espectador capítulos frenéticos que no los dejen ni respirar yéndose al otro extremo, apostando por ritmos morosos que dejan que las cosas vayan pasando cuando tienen que pasar (no llegan al punto de los noruegos que lo iniciaron todo, por descontado). O, si nos ponemos en plan chistoso, son series de las que se dedican a ver crecer la hierba. Para "Rectify", ese ritmo pausado es fundamental para crear la atmósfera de total asombro y desconexión que siente Daniel al regresar a su pueblo tras 19 años en el corredor de la muerte.

El pueblo es de esos pequeños que los norteamericanos llaman "ciudad soñolienta", lugares en los que rara vez pasa algo, en los que todo el mundo se conoce, y en los que ser condenado a muerte por matar a tu novia del instituto, y luego quedar libre por un tecnicismo, no ayuda a tu reinserción en la vida normal. Mucho menos si eres como Daniel, alguien de quien sospechamos que siempre fue un poco peculiar, con una manera de ver el mundo diferente. En ningún momento se implica que tenga algún problema o trastorno, pero algo distinto hay en él, y ese algo se traslada a la serie a través de los planos de detalles pequeños, de los pies descalzos sobre la hierba del diamante de béisbol, o de esas viejas canciones que escuchaba cuando era adolescente. "Rectify", como buen ejemplo del Slow TV, es un gusto adquirido, una serie en la que puede resultar difícil encontrar un punto de agarre, pero que no te suelta si te dejas atrapar. Eso sí, si eres de los que te frustras porque no te dan respuestas, y te impacientas ante cualquier subtrama que creas que es de relleno, no es serie para tí.

Estos títulos lentos buscan otras cosas diferentes de la gratificación instantánea que pueden dar los giros constantes de guión. Una serie como la malograda "Rubicon", que empezaba bebiendo enormemente de los thrillers conspiratorios de los 70, utilizaba ese ritmo lento para ir desenredando poco a poco la complicada trama que investigaba Will Travers, y para generar tensión e inquietud. El ver la vida pasar le sirve a "Treme" para construir exactamente eso, un pedazo de la vida de los habitantes de ese barrio de Nueva Orleans, principalmente. Y hasta "Penny Dreadful", pese a encuadrarse dentro del terror regado con sexo y sangre, renuncia testarudamente a imprimir velocidad a sus episodios. La serie se permite el lujo, en una temporada de ocho capítulos, de parar la trama principal alrededor de Sir Malcolm para dedicar sendos capítulos al pasado del doctor Frankenstein y al de Vanessa Ives (éste último, muy revelador de lo visto anteriormente), y se dedica a prestar más atención a la cadencia de las palabras dichas por sus personajes que a encadenar ataques de seres de la noche, aunque también los hay.

Una serie lenta no tiene por qué ser aburrida ni mala por defecto. La televisión tiene encaje para "Rectify" y para "American Horror Story", y cada una tiene objetivos diferentes y se dirige a públicos muy concretos. No es lo mismo el indie de los 90 que el terror de serie B de los 80.
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