17 junio 2014

Arya Stark y el punto y aparte



ALERTA SPOILERS:  "Soy tu hijo". Si esta frase no te suena, entonces es mejor que no te acerques a esta entrada hasya que no hayas visto el final de la cuarta temporada de "Juego de tronos".

La imagen final de la cuarta temporada de “Juego de tronos” encapsula perfectamente lo que ha significado esta tanda de capítulos para la serie de HBO, una tanda que lidiaba con el tramo de la saga de George R.R. Martin más repleto de sorpresas, clímaxes y muertes importantes; el tramo final de “Tormenta de espadas”. Los libros ya no vuelven a ser iguales después, y la serie tampoco va a serlo, porque no hace falta haber leído también “Festín de cuervos” y “Danza dedragones” para darse cuenta de que esa imagen de Arya en el barco, mirando con esperanza hacia ese mar abierto, nos da una pista de que hemos visto un punto y aparte en la historia. Las tramas que Martin, Benioff y Weiss empezaron a urdir en el primer episodio llegan casi todas a su resolución en este “The Children” que cierra la cuarta temporada, y la quinta va a comenzar a contarnos nuevas historias; la de Arya en Braavos, la de Tyrion y Varys en sus exilios huyendo de las consecuencias creadas por la muerte de Tywin Lannister, la de Jon teniendo en el Muro a Stannis Baratheon, su ejército y, más importante, a Melisandre, y la de Bran alcanzando finalmente su destino en el Norte, aunque sea un destino que no es más que otro principio.

Sí, también está Daenerys descubriendo que esa idea de quedarse a reinar en Meereen es bastante más difícil de llevar a cabo que conquistar un puñado de ciudades y liberar a sus esclavos. El encadenamiento de dos de sus dragones es una metáfora de sus propias ambiciones, de que, como canta Regina Spektor, caminar es fácil, pero quedarse quieto de pie es duro. La historia de Dany avanza a trompicones, en arrancadas y parones, en su periplo hacia su objetivo final en Desembarco del Rey, y todas esas etapas deben prepararla para que, cuando llegue el momento de reclamar de verdad el Trono de Hierro, sea muy consciente de lo que esa reclamación conlleva. Sin adelantar nada de lo que aún no está por venir, creo que sí puede apuntarse que Daenerys va a empezar a estar menos desconectada de la trama principal en Poniente, aunque también van a entrar en juego nuevos participantes, con tácticas ligeramente diferentes a las de los Lannister o los Tyrell, que se han quedado a lidiar con los restos del poder de Tywin y Cersei.

El último gran impacto de una temporada que ha funcionado muy a golpe de sorpresa es, evidentemente, el asesinato del patriarca Lannister a manos de su hijo Tyrion. El Enano ya no puede sufrir más humillaciones sin estallar en algún momento, y descubrir la traición de Shae es justo la gota que colma el vaso. El último duelo dialéctico entre padre e hijo, con Tywin manteniendo su dignidad y sensación de amenaza incluso sentado en el retrete, es una de las mejores escenas de la serie, una escena que no se muestra como un triunfo (aunque los espectadores puedan vitorear que Tywin acabe como San Sebastián), sino como algo triste. Al matar a su padre, Tyrion corta todos los lazos que tenía con su antigua vida, se deja arrastrar por un lado oscuro del que no sabe si podrá salir. El personaje más popular de “Juego de tronos”, el que muchas veces parece que es la única persona decente en Poniente, ya no puede soportar más la injusticia y la humillación y se venga, simple y llanamente.

Esta cuarta temporada, y su acumulación de momentazos desde la boda de Joffrey, puede contribuir a crear la falsa sensación de que “Juego de tronos” es una serie de giros de guión espectaculares, de muertes inesperadas que pueden alcanzar a cualquiera, de tramas que se desarrollan sin tiempo a que podamos recuperar el aliento. No esasí. Y no será nada extraño que, en la quinta entrega, surjan cada vez más voces que se quejen de que en los capítulos no pasa nada, de que hay muchos personajes cuyos nombres no recuerdan y de que se pierden. Ah, y se quejarán también de que hay magia y profecías en una serie que, aunque lo ha disimulado muy bien, es de fantasía. Los esqueletos de “Jasón y los Argonautas” bien prueban que las viejas leyendas de la Vieja Tata son realidad al norte del Muro, que los dragones de Daenerys no son las únicas criaturas fantásticas que han vuelto a este mundo. El verdadero objetivo final de la serie no es el Trono de Hierro; son los Caminantes Blancos.
Publicar un comentario en la entrada