31 marzo 2015

Una serie bajo sospecha

Es curioso cómo puede evolucionar la respuesta a una serie con el paso de los capítulos. Tomemos como ejemplo dos títulos estrenados con sólo una semana de diferencia y que han sido competencia en casi todos sus episodios, "Bajo sospecha" y "El Ministerio del Tiempo". La primera es un misterio a lo nórdico sobre la desaparición de una niña, los secretos que guarda su familia y la investigación que hacen los dos policías infiltrados en el pueblo, y es la que ha ganado la partida de la audiencia, superando el 19% de share la semana pasada. La otra es una serie de aventuras sobre una organización cuyos agentes viajan por el tiempo para evitar que se pueda cambiar la historia, y aunque en audiencias anda alicaída, donde se ha llevado al público de calle ha sido en redes sociales. Es curiosa esta dicotomía; "Bajo sospecha" busca, claramente, impulsar la misma conversación que rodeó a la primera temporada de "Broadchurch" en el Reino Unido, con los espectadores especulando por todas partes quién podía ser el asesino de Danny Lattimer. De hecho, en la web de Antena 3 hay hasta un pequeño juego para que intentemos adivinar quién secuestró a Alicia Vega.

Sin embargo, su tirón entre la audiencia social ha sido bastante más limitado que entre la convencional. Ahí, los ministéricos han desbordado todas las previsiones, llenando Twitter de trending topics relacionados con la serie y animándose hasta a subtitular cada capítulo al italiano, aprovechando el buen momento que la ficción española está viviendo en el país transalpino. "El Ministerio del Tiempo" no estaba tan diseñada buscando esa conversación, pero la ha encontrado, mientras "Bajo sospecha" está pasando un poco más desapercibida en ese aspecto. No obstante, tampoco está la situación para quejarse. El movimiento de Antena 3 de moverla al lunes para contrarrestar a "La Voz" en Telecinco no le ha ido nada mal, por ahora, y a falta de sólo dos episodios para el final, tal vez las discusiones sobre ella se vuelven más comunes y ruidosas en Internet.

Lo cierto es que "Bajo sospecha" es, en parte, un título un poco frustrante. La familia Vega y su empeño por mostrarse misteriosa, por protegerse unos a otros a cualquier precio y, al mismo tiempo, por ocultarse información importante de forma sistemática puede colmar la paciencia del espectador más pintado. Todos quieren saber quién secuestró a Alicia, pero nadie colabora para que se descubra, como no sea dando palizas al primero que se les pone por delante. El giro que ha dado la madre es una de las pocas cosas verdaderamente interesantes ahí, porque sí que insinúa que hay algo oscuro en los Vega, y lo hace de un modo más efectivo que todas esas charlas que empiezan con un "te he dicho que no me llames aquí", o con un "nadie más puede saber esto". El centro en la familia, además, ha diluido bastante a los dos policías, Víctor y Laura, que se han quedado para perseguir hilos argumentales más que para que viéramos a dos personajes atractivos (lo que debería ser la prioridad porque, si hay segunda temporada, sólo ellos y el comisario Casas repetirían).

En ese aspecto, recuerda inevitablemente a "Desaparecida", la primera serie que Bambú produjo a nivel nacional y en la que una pareja de guardias civiles investigaba la desaparición de una adolescente. La familia también tenía bastante peso, pero porque se contaba su proceso de duelo de una forma no muy diferente de como lo hacía "Forbrydelsen", y ese peso terminaba por apartar el foco de atención de Sierra y Andrún y su investigación, que era lo más logrado de la serie. Llegaba un punto en el que ver sufrir constantemente a Carlos Hipólito y Luisa Martín, por muy bien que estuvieran, agotaba, y veíamos demasiado poco a los investigadores. En "Bajo sospecha" está pasando en parte esto; Yon González y Blanca Romero podrían desarrollar una relación muy entretenida e interesante si la serie les diera un poco más de cancha, pero ésta está más interesada en seguir gritándonos que la familia Vega tiene muchos secretos. Desde el principio quedó claro que el culpable se encontraba entre ellos, no es necesario machacarlo tanto.
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