19 junio 2007

Caníbales

Las series cuyo protagonista central es el eje sobre el que se mueve todo y, por tanto, es un protagonista fuerte y con mucho tirón de cara al público, tienen en él un arma de doble filo: Es, casi siempre, la principal razón de la audiencia para ver la serie pero, a la vez, se corre el riesgo de que se convierta en más grande que la propia serie, que la supere y que la termine "canibalizando". Es, por ejemplo, una peculiar teoría que leí, no recuerdo dónde (aquí, concretamente), sobre la cancelación de "Verónica Mars". Desde el principio, ella era el alma y el motor de la serie, y ésta la premió con una sutil evolución hacia mayor independencia y madurez en los últimos capítulos. Todo esto, sin dejar de lado las características que nos gustan de ella, como sus rápidas e ingeniosas réplicas, su tozudez y esas sobradas que se marca de vez en cuando que no tienen nada que envidiar a las del doctor House (algunas podéis verlas aquí). El resultado es que Verónica está tan bien dibujada y construida, que termina siendo mucho mayor que la serie y puede dar la sensación de que ningún misterio, ninguna trama y ningún personaje está a su altura, y ese hándicap es difícilmente salvable.
Lo que nos lleva a Gregory House. Aquí es mucho más evidente que toda la serie descansa sobre los hombros de este personaje cínico, divertido, egoísta y atractivo. En "House", el riesgo de "canibalismo" es mucho mayor. Conscientes de ello, en estos capítulos finales de la tercera temporada nos están mostrando más directamente cómo afecta el trabajo diario con House a sus colegas: Foreman se comporta como él al diagnosticar y tratar a los pacientes, lo que le aterroriza; Chase se comporta como él con Cameron, y ésta sigue un camino paralelo al de House que se ha hecho más evidente varias veces a lo largo de esta temporada. Los guionistas intentan contrarrestar la fuerza del doctor con antagonistas más poderosos que él (Vogler y Tritter) o potenciando a Cuddy, que es el mejor contrapunto, pero el peligro sigue ahí, planeando sigiloso sobre la serie.
Por supuesto, toda la fuerza y el carisma que estos personajes tienen sobre el papel se diluirían en las manos de los actores incorrectos, pero la gran suerte para Verónica y Gregory fue que sus personalidades se encarnaran en Kristen Bell y Hugh Laurie. Lo curioso es que ambos actores llegaron a estos papeles siendo unas incógnitas y, por diversos factores, no se podía saber, a priori, si serían capaces no sólo de dotar a sus personajes de humanidad y profundidad, sino de soportar, a la vez, el peso del show sobre sus hombros. Es una suerte y una maldición, pero eso lo hace mucho más divertido.
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