29 junio 2007

¿Quién dijo miedo?

El terror está devaluado. Me explico. Lo que se lleva ahora es el terror gore, como la saga de "Saw" y "Hostel", y a ser posible que sea mucho más sangriento y animal que las entregas anteriores. Esa tendencia quizá esté llegando a su fin después de la raquítica taquilla de "Hostel 2" en su estreno en EE.UU., pero no echemos aún las campanas al vuelo. La otra vertiente es la de los remakes de películas de terror orientales, casi siempre bastante mediocres. En los dos casos, se apuesta más por los sustos y los golpes de efecto que por el suspense y el miedo, aparcando la sutileza y lanzándose a enseñar todo lo enseñable. A veces, puede salir bien, pero se deja poco espacio a la imaginación que, no nos engañemos, es lo que de verdad da miedo.
Recuerdo haber visto, hace mucho tiempo, el principio de una película inglesa de casas encantadas. Mostraba a un grupo de personas que entran en una casa para investigar ciertos fenómenos paranormales. El vestíbulo está a oscuras, en el edificio no hay luz, y ellos tienen que alumbrarse con unos faroles. El comienzo de la película era sólo eso, el grupo adentrándose en la casa totalmente a oscuras, de tal modo que sólo vemos lo que ellos iluminan con los faroles. Son todo cosas inofensivas, pero el hecho de no ver nada más producía una sensación de lo más desasosegante. Es el viejo truco de los ruidos inexplicados en el piso de arriba, o las voces extrañas; todo lo que pase fuera de campo es muy efectivo para el miedo, porque es nuestra imaginación la que se encarga de "rellenar" lo que no estamos viendo.
No hay demasiadas películas que logran causar miedo de verdad. Y no me refiero a un susto detrás de otro, sino a una sensación continua de tensión. El principio de "Los sin nombre", por ejemplo, transmite una extraña inquietud, lo mismo que el impactante comienzo de "28 días después". "Al final de la escalera", que transcurre en la casa de la foto, logra que el rebote de una pelota bajando por unas escaleras sea aterrador, y nunca una cancioncita de amor tuvo connotaciones tan malsanas como la que suena en "Suspense", adaptación de "Otra vuelta de tuerca", de Henry James (estas dos películas fueron, además, la base sobre la que Alejandro Amenábar construyó "Los otros"). Buscando ayer cosas sobre "Buffy" me topé con uno de sus mejores episodios, que es una pequeña película de miedo muy, muy efectiva, "Hush", con aquellos Caballeros que roban las voces de todo el pueblo para poder "recolectar" siete corazones. Hay algunas otras, incluidas las pocas películas que dirigió Chicho Ibáñez Serrador, que demuestran que, en lo concerniente al miedo, menos es más.
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